Trenes en el limbo: pidió Cristina esperar peritajes

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Cristina de Kirchner puso a reposar la tragedia de Once en un limbo. Entre llantos y evocaciones personales, exploró el relato emotivo por los 51 muertos, pero dilató por -al menos- otra semana el anuncio sobre qué hará con la concesión del Sarmiento.

«Voy a tomar las decisiones que sean necesarias una vez que la Justicia decida», dijo, desde Rosario, en su reaparición casi una semana después del accidente. Les fijó, aunque simuló que no lo hacía, un plazo a los peritos: «No puede durar más de 15 días».

Pateó, como contó ayer este diario, la decisión sobre el grupo Cirigliano. Se refugió en la demora judicial, pero a lo largo del discurso dio pistas que pueden seguirse como migas de pan para explicar la dilación. «No hicimos más -alertó- porque no tenemos plata».

Al intimar a Mauricio Macri a hacerse cargo del subte, el Gobierno admitió una cuestión de caja. ¿Incide ahora ese factor en la demora sobre el Sarmiento? ¿Las inversiones «multitarget» de los Cirigliano acotan los márgenes de acción de la Casa Rosada?

Sorprende, por otro lado, ese giro legalista: en 2007, el Gobierno le quitó la concesión del ramal Roca a Taselli sin mediar ninguna resolución judicial. La expulsión de los Cirigliano es una decisión política como lo fue, por caso, la estatización de las AFJP.

Piezas en apariencia desvinculadas, la cuestión YPF -citada, crípticamente por la Presidente- fue invocada en estas horas en círculos empresarios como otro manotazo K para mejorar sus ingresos. ¿Hay un hilo conductor entre la petrolera y el sistema federal de trenes?

En rigor, Cristina fue de lo general a lo particular: truncó su «rap» autoelogioso de la década K para avisar que «faltan cosas» y mencionar, sin ingenuidad, que «tenemos que volver a tener un sistema de ferrocarriles». Ese concepto expuso Néstor Kirchner en su campaña de 2003.

Memorias

«Los 40 millones de argentinos y las víctimas necesitan saber quiénes son los responsables», dijo, ayer, la Presidente. La expectativa por su discurso licuó el interés sobre el bicentenario del izamiento, por primera vez, de la bandera argentina.

Sacó del anonimato, con algún equívoco, a varios de los muertos y se entreveró con una defensa de la tarjeta SUBE, la puerta por la que Juan Pablo Schiavi -como Julio De Vido, ausente en Rosario- ingresó a la extrema cercanía presidencial, y una serie de frases fallidas.

«Bendita SUBE» dijo y denunció «trabas» para implementar ese sistema que fue anunciado hace tres años y que recién este verano comenzó, ante el anuncio de la quita de subsidios, a funcionar masivamente.

Émula de Schiavi y sus dichos sobre que la tragedia hubiese sido menor un día feriado, la Presidente sostuvo ayer que en 2003 la gente no viajaba en tren porque no tenía trabajo ni estudiaba. No fue, el de ayer en Rosario, el discurso más sólido de Cristina.

Además tuvo, como en cada presentación oficial, palabras sobre su exesposo que en este caso irrumpió como expresión de dolor. «Yo sé lo que es la muerte», dijo y pidió, desde ese lugar, ser respetuosos «del dolor». Buscó así la empatía entre los familiares de las víctimas de Once.

En ese contexto, Cristina sostuvo que «es necesario determinar los culpables directos e indirectos», lo que abrió otras incógnitas: ¿se refirió al maquinista, a los empresarios, a la denunciada falta de controles? Ayer, por lo pronto, ni De Vido ni Schiavi ni Antonio Luna, subsecretario de Transporte, estuvieron en el avión que voló a Rosario.

Hubo otra ausencia visible: Hebe de Bonafini, que el jueves pasado, a horas de la tragedia, destrató en público a Schiavi. Asistió, en cambio, Estela de Carlotto. Faltaron, además, gobernadores: sólo estuvieron el santiagueño Gerardo Zamora y el sanjuanino José Luis Gioja, además del anfitrión, el socialista Antonio Bonfatti, que estrenó ayer traje de aliado extra-K.

El «staff» se completó con el gabinete e invitados especiales. Las ausencias son, en estos tiempos, las únicas novedades en los chárteres oficiales: Hugo Moyano, por caso, dejó de figurar en cualquier lista de convocados. Los detalles son, a veces, indicios terminantes.

Lo mismo con el protagonismo de La Cámpora. Grupos de ese sector juvenil coparon los lugares centrales entre el público y tuvieron un diálogo con la Presidente que hasta empezó su discurso cantando, bajo, un pequeño tramo de un clásico de la JP: «Somos de la gloriosa juventud peronista», susurró la Presidente.

«Con la muerte no», repitió, como una letanía, sobre el final para acusar a la oposición y los medios de «especular» con la tragedia. Un rato antes, la familia de Lucas Menghini Rey había cruzado a Nilda Garré.

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