16 de agosto 2011 - 00:00

Tres versiones del peronismo sumaron más del 70% de votos

El ganador, su segundo y el quinto en el podio, exponentes de tres versiones del peronismo, concentraron el domingo más del 70% de los votos. El resultado se convirtió ayer en un récord histórico: de cada 3 votantes, 2 optaron por un postulante peronista.

Repite, con notables cambios en la distancia entre uno y otro, el score de 2003, cuando Carlos Menem punteó, Néstor Kirchner quedó a dos puntos y Adolfo Rodríguez Saá entró cuarto con un 14,1%. Pero la sumatoria de esas ofertas fue, por entonces, de 61 puntos.

Ayer, Cristina de Kirchner, Eduardo Duhalde y Alberto Rodríguez Saá -quizá sea algo más que una anécdota que estén la esposa y el hermano de dos de los competidores de entonces- superaron esa barrera y el domingo treparon, en conjunto, hasta sumar el 70,34% de los votos.

Lecturas

El resultado invita a múltiples lecturas e interpretaciones. Pero a simple vista se pueden desmenuzar cuatro cuestiones:

1. Duhalde y Rodríguez Saá interpelan, claramente, al votante del peronismo ortodoxo, con un lineamiento definido, y se alimentaron de ese universo de votantes anti-K. Los dos armaron esquemas pejotistas: Duhalde se alió a Mario Das Neves y el puntano rescató del ostracismo al santafesino «Tati» Vernet. En tanto, Cristina de Kirchner expresa en su relato un peronismo más centrista, con remembranzas de la Tendencia de los 70, a pesar de que sus principales sostenes logísticos provienen del peronismo clásico: la CGT y el feudalismo de gobernadores e intendentes.

2. El perfil, más amplio, que expresa la Presidente le permite nutrirse también de sectores que quizá no son de historia o pertenencia peronista, pero que terminan por acompañar, electoralmente, a un Gobierno que hace equilibrio entre su origen PJ pero diseña discursos, agenda y estéticas con los que quiere seducir a la progresía. La absorción de esos votos explica por qué el progresismo explícito, moderado y centrista, que encarnan Hermes Binner, Ricardo Alfonsín y Elisa Carrió, terminó con un resultado escaso: apenas por encima del 25%. Es más: al porcentaje del radical habría que descontarle algunos puntos que le aportó Francisco de Narváez.

En 2003, entre Ricardo López Murphy, Carrió, Leopoldo Moreau (UCR) y Alfredo Bravo (PS) rozaron el 35%.

3. A su vez, con el corrimiento hacia el centro de todas las ofertas, magia discutible de los estrategas y politólogos que asesoran a los candidatos, Duhalde se recortó como la figura más clásica y más volcada hacia el centroderecha, lugar que no le resulta incómodo. De todos modos, la diversidad del dispositivo K incluye a referentes de ese perfil o, en una referencia más académica, de conservador popular. Buena parte de los caciques del conurbano, que antes fueron socios y soldados de Duhalde, tienen ese origen. Daniel Scioli, de hecho, se define como un centrista y tiene conductas y relatos que lo vuelcan más hacia la derecha que hacia la izquierda.

4. Pero el registro más contundente, inevitablemente ligado a los otros, es que el radicalismo -que con la lista 3 sacó un 2,5% pero tuvo a dos radicales en la pelea, López Murphy y Carrió, y en 2007 se dividió entre los K que fueron con Julio Cobos y los que se plegaron detrás de Roberto Lavagna- enfrentó ayer la que es, quizá, la peor elección de su historia. Alfonsín fue el único radical candidato y su cosecha, anoche, estaba apenas por arriba de los 12 puntos con, además, el componente de que se alió a De Narváez, un dirigente que se declara peronista. Puede, a fin de compensarse ese aporte, considerar que Margarita Stolbizer (sólo un 6% en provincia de Buenos Aires) aportó una cuota radical desde el FAP al igual que Carrió, que sumó un 3,24% en la nacional. Como mucho, el panradicalismo -si se computa incluso todo lo que aportó Stolbizer- se quedó con menos del 18%.

Pablo Ibáñez

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