8 de marzo 2016 - 00:00

Tributo al pionero García Uriburu

“Utopía del Bicentenario. Coloración del Riachuelo. 1810-2010. 200 años de contaminación. Cuenca Matanza Riachuelo”, de Nicolás García Uriburu.
“Utopía del Bicentenario. Coloración del Riachuelo. 1810-2010. 200 años de contaminación. Cuenca Matanza Riachuelo”, de Nicolás García Uriburu.
La galería Henrique Faría presenta en estos días en su sede de Buenos Aires una muestra de Nicolás García Uriburu (1937), artista que ganó fama mundial cuando en 1968 coloreó las aguas del Gran Canal de Venecia. En la muestra predomina el verde, el "verde Uriburu", símbolo de purificación. En la pequeña sala de ingreso a la galería se exhiben obras históricas que facilitan la comprensión del universo del artista. Para comenzar, figura la hermosa foto vintage de Venecia plagada de resplandores verdosos. En unos anaqueles descansan las botellas de las coloraciones: el sodio fluorescente y no tóxico. Allí mismo se proyecta un video con gran parte de las acciones realizadas en defensa de la naturaleza. García Uriburu aparece coloreando puertos y ríos (East River en Nueva York, el Sena y el Río de La Plata), alrededor de 14 fuentes (Trafalgar Square entre ellas) y los lagos de Vincennes.

Luego, la muestra se abre con las seis serigrafías del álbum "Manifiesto" realizadas en 1973, serie que hoy integra el patrimonio de los principales museos del mundo. "Denuncio con mi arte el antagonismo entre la naturaleza y la civilización. Es por eso que pinto mi cuerpo, mi sexo y las aguas del mundo. Los países más evolucionados están destruyendo el agua, la tierra, reservas del futuro en los países latinoamericanos", declara García Uriburu. Radicado en París desde que ganó la beca del Premio Braque de 1965, regresó en 1973 a la Argentina con el pelo teñido de verde para exhibir sus serigrafías en el CAYC. Jorge Glusberg lo invitó a integrar las muestras de Arte de Sistemas. Al año siguiente Uriburu presentó el citado "Manifiesto" en la galería neoyorquina de Leo Castelli y, en 1975, en la Bienal de Arte Gráfico de Tokio, donde le otorgan un premio.

La muestra actual se presenta con el texto "El ambientalismo en Uriburu" de Daniel R. Quiles, académico del Instituto de Arte de Chicago, dedicado a investigar la trayectoria de un genuino precursor de la preservación de la naturaleza con obras que se integran a la configuración del paisaje, justo cuando el Land Art daba sus primeros pasos.

Si bien la saga veneciana de García Uriburu es la más conocida, en 1981 coloreó las aguas del Rhin en Düsseldorf acompañado por el célebre y enigmático alemán Joseph Beuys, artista que cambiaría para siempre el concepto de "obra de arte". Sumado entonces a la batalla ecologista, Beuys invitó a García Uriburu a plantar los primeros árboles de los 7 mil robles que dispuso junto a unos bloques de concreto en la Documenta de Kassel de 1982.

La exposición porteña se llama sencillamente "Uriburu", título del extenso libro que le dedicó el teórico francés Pierre Restany a nuestro artista. Ambos se conocieron en 1964 en el Instituto Di Tella y, desde entonces, el libro sigue paso a paso una trayectoria afín entre el arte y las ideas. Restany reconoce que las acciones de Uriburu brindan respuesta a la crisis de la imagen. La única solución a dicha crisis -según sostiene- consiste en conceptualizar la idea que motiva la imagen. El francés percibe el conceptualismo político de las pinturas verdes, pero además reconoce que las acciones y performances del argentino lo conmueven. Lo cierto es que en las fotografías de la gesta de las coloraciones se perciben los ecos del viejo romanticismo. Aunque el llamado "verde Uriburu" podía saltar del paisajismo de los quietos ombúes de la llanura pampeana, que comenzó a pintar en 1962, a los desagües contaminados del Riachuelo de fines del siglo XX.

En efecto, al mismo tiempo que comenzaron a desaparecer los lugares intocados del mundo y la tierra hizo sentir los efectos de sus padecimientos, el mensaje de García Uriburu se volvió más directo. Su arte apela a la ética del espectador. En la década del 90 denunció la destrucción del equilibrio ecológico con la serie "Empresas contaminantes auspician". Las fotos de los vertederos que desembocan y polucionan el Riachuelo intervenidas con pintura verde, pertenecen a empresas reales, como el frigorífico de un conocido supermercado.

Por otra parte, la belleza incuestionable de la obra, belleza que durante años estuvo presente en las pinturas, enviromentes, murales, exhibiciones multidisciplinarias y, sobre todo, en las acciones, es una cualidad intrínseca. La teatralidad de los retratos del artista derramando el color bañado por las aguas de las fuentes, al igual que la belleza de los espacios elegidos, acentúan el valor estético de las obras. No obstante, el atractivo visual no resulta incompatible con el espesor conceptual ni con el criterio de lo verdadero en el más puro sentido kantiano. La contaminación destruye la belleza.

La galería Henrique Faría ha contribuido a difundir en los grandes centros internacionales el conceptualismo temprano que surgió en la Argentina. El operador cultural Mauro Herlitzka supo reunir documentos de prueba. De este modo, museos como el Moma o la Tate Gallery de Londres coleccionan documentación de las expresiones que hasta hace apenas unas décadas tan sólo les provocaba indiferencia. Los tiempos globales cambiaron la historia del arte y el Sur está ciertamente en el Norte, al igual que en los mapas dibujados por Uriburu.

Finalmente, junto a los muebles verdes con significativos serruchos cuyos feroces dientes hablan a las claras de los efectos de la desertificación, están las fotos intervenidas de la serie "Utopía del Bicentenario". Son las imágenes idealizadas y utópicas de nuestro polucionado Riachuelo, el mismo que García Uriburu coloreó de verde cuando se inauguró Puerto Madero. Sobre un paisaje utópico que nunca existió, se lee: "Utopía del Bicentenario. Coloración del Riachuelo. 1810-2010. 200 años de contaminación. Cuenca Matanza Riachuelo".

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