24 de abril 2009 - 00:00

Trigo: cosecha apenas cubrirá demanda. ¿Habrá que importar?

A las puertas de una de las peores campañas de la historia, se oscurece cada vez más el panorama para el trigo. Productores sin incentivo para sembrar, fuertes controles del Estado, exportadores fuera de juego y el manejo del precio en manos del oligopolio molinero podrían terminar derivando en que el país tenga que comenzar a importar granos de este cultivo tradicional de los campos argentinos.
La compra de trigo en el exterior es una hipótesis pesimista, pero no descabellada para algunos actores de la cadena. El consumo interno se llevará unos 7 millones de toneladas, según lo dispone el Gobierno. Ante la falta de incentivos, el área de siembra sería hasta el 20% menor que el año pasado, y quedaría en torno a los 4 millones de hectáreas. En suma, si el clima no ayuda y se confirma la baja inversión en tecnología, la producción triguera podría volver a derrumbarse y caer incluso por debajo de los 8,3 millones de toneladas de la última cosecha. El rinde de indiferencia (para no tener pérdidas) es hoy de 33 quintales por hectárea, contra un promedio histórico de 23 quintales.
De este modo, el consumo interno -que prioriza el Gobierno a través del accionar de la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (ONCCA), a instancias del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno- podría quedar comprometido. El país se vería así obligado a comprar en el exterior, tal como lo hace Brasil -un mercado que perdió la Argentina-, recurriendo al grano de Canadá, Ucrania o Estados Unidos, a un precio igual o mayor que el que arroja el Chicago Board of Trade. En esa plaza, el trigo cerró ayer a u$s 194,4 por tonelada.
Justamente, el precio es uno de los temas que complica la situación de este cereal en la Argentina. Cerrados los registros de exportación, incluso para ventas a futuro, el mercado local concentra la demanda en los molinos, que no compiten con el sector exportador y pueden presionar los valores a la baja. La Secretaría de Agricultura publica el llamado FAS teórico, es decir, el precio que debería cobrar el productor, que surge al descontar del precio FOB internacional las retenciones y los costos del exportador. Actualmente el FAS teórico se ubica en $ 556 por tonelada, pero los valores que se manejan en las transacciones cotidianas están un 15% por debajo, entre $ 470 y $ 480. Con el maíz ocurre una situación similar, con desfases en torno al 15% entre precios FAS teórico y FAS.
El tema no es nuevo, pero se agudiza con malas cosechas, generando un círculo negativo, ya que el bajo precio no incentiva la siembra. «La mejor forma de incentivar la producción es con un buen precio, y eso se consigue con libre competencia de actores», señalan desde entidades como la Asociación Argentina de Trigo (Argentrigo), que pidió en reiteradas oportunidades al Gobierno que libere el mercado. «El molino no va a pagar más de lo que pueda, eso ocurre en cualquier mercado donde no hay competencia», evalúan.
«En este momento podría haber retenciones cero, pero el precio del trigo no aumentaría y tampoco se incentivaría la siembra, porque sin la competencia de los exportadores los molinos tienen un mercado cautivo», agregó Ernesto Ambrosetti, titular del Instituto de Estudios Económicos de la Sociedad Rural.
Del otro lado, Alberto España, titular de la Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM), afirmó que su sector sí cumple con el precio al productor. «Hubo algunas dudas, pero se paga el precio pleno», dijo.

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