24 de abril 2017 - 00:00

Trump, a todo o nada: relanza su plan o el techo de la deuda

Tras el anuncio del secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, de que falta poco para definir la reforma tributaria, el Dow Jones avanzó 170 puntos y el NASDAQ tocó nuevo récord. ¿Cuento de la buena pipa?

Steven Mnuchin
Steven Mnuchin
La volatilidad ausente en Wall Street florece en Washington. Abandonó Manhattan junto con la mudanza de Donald Trump, y se diría que los aires de la presidencia le sientan muy bien. Siria, Afganistán, su ruta. Si alguien marcó la continuación en Corea del Norte se equivocó fiero. La flota que despachó la Casa Blanca retoza cerca de las costas de Australia. El presidente, esta semana, hizo un rodeo a la altura del gran Aníbal (el fenicio original), cambió de frente y bombardeó Washington. El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, lanzó la primera granada de mano: adelantó que se estaba muy cerca de definir la meneada reforma tributaria. La abulia se hizo añicos: el Dow Jones cerró 170 puntos en alza, y un NASDAQ perforante impactó en un nuevo impensado récord absoluto. Justo cuando la magia del trumpismo se destiñe en todas las pizarras. Lo de Mnuchin fue un ejercicio de tiro. Trump en persona, el viernes, soltó la madre de todos los anuncios. Un plan de "masivos recortes de impuestos" marcha en camino y estará listo tan pronto como el próximo miércoles. Es palabra del presidente. Y es lo que los mercados le piden al señor.

Parole, parole. ¿Cuándo fue que escuchamos esta promesa antes? El 9 de febrero. De boca del mismo Trump. "En dos o tres semanas" íbamos a tener cita con una "fenomenal" reforma impositiva. De más está agregar que nunca se pudo dar con su paradero. ¿Es acaso el cuento de la buena pipa? ¿Será esta vez la vencida? Conste que de nada sirve el apuro si después se fracasa de forma estridente como sucedió con el Trumpcare. Lo sensato es consensuar primero el contenido de la reforma, y asegurarse un tránsito viable, antes de despacharla al Congreso. Ocurre que la urgencia vuelve a decidir los tiempos. Trump pensó sus primeros 100 días de gestión como una ofensiva relámpago que desbandara a tirios y republicanos, provocara admiración (y pavura) y los sometiera a la voluntad de su agenda de campaña. Siendo ostensible que se quedó corto en su propósito, y con fecha límite el viernes para tomar la foto, el presidente hace lo que cualquier mortal. Si hay miseria, que no se note. La reforma tributaria, el corazón de su discurso económico, sería un trofeo de buen tamaño en la vitrina.

Ya dijimos que los mercados quieren creer. No le creen tanto a Trump (debería cuidarse Mnuchin, la Bolsa subió cuando él hizo el anuncio, y cayó el viernes cuando habló el presidente), pero sí al rally y a la simple receta de bajar impuestos y desregular. Y aunque la economía da señales de fatiga, como lo prueba la pérdida de momentum de los servicios y la industria en abril (a juzgar por los informes PMI respectivos), y ya no se piensa en que la Fed podrá subir las tasas dos veces más en lo que resta del año, Wall Street está lista para dar otro zarpazo, el Trump rally 2.0, si se presenta una oportunidad. Es lo que demostró el salto del NASDAQ, e insinúa la increíble resiliencia del Russell 2000. Quizás ayuden las elecciones francesas. O una buena puesta teatral de la Casa Blanca. El problema es que Trump navega entre la gloria prefabricada y el "techo" de la deuda pública. Y si no resuelve este último asunto antes del viernes, tendrá que cerrar parcialmente el Gobierno (como antaño, entre otros, Reagan, Clinton y Obama). ¿Serán tan desconsideradas las facciones republicanas de negarse a una modesta ampliación de monto y obligarlo a sorber el trago amargo? Uno creería que no, pero la suerte aciaga del Trumpcare abre el paraguas. Al cabo de sus primeros 100 días, el presidente quedaría expuesto a la par de un simple Jimmy Carter, quien tampoco pudo convencer a un Congreso dominado por sus propios partidarios en los muy convulsionados años ´70. Conviene recordar: Carter no fue bloqueado una sola vez, sino cinco. No funcionarán las soluciones de parche si Trump persigue una reforma tributaria en serio.

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