27 de enero 2017 - 23:37

"Trump volvió a poner la cuestión fiscal en la agenda"

• ENTREVISTA A FERNANDO MARENGO
El economista estimó que las paritarias deberían ubicarse entre el 20 y el 25% este año. Abogó por la necesidad de una reforma tributaria.

Inflación. La variable crucial para determinar el aumento de precios en 2017 va a ser la evolución de las paritarias, advierte Marengo.
Inflación. La variable crucial para determinar el aumento de precios en 2017 va a ser la evolución de las paritarias, advierte Marengo.
 "Para bajar la pobreza del 30% al 10% con la actual distribución del ingreso, Argentina tiene que crecer 20 años al 4,5% por año". Así lo afirmó Fernando Marengo, economista jefe del Estudio Arriazu - Macroanalistas. Respecto al tipo de cambio atrasado, consideró que "la depreciación hace ganar competitividad en el corto plazo, pero dependiendo de en qué grado de pleno empleo se encuentre la economía, eso se traslada a precios más temprano que tarde". El economista alertó, además, sobre "la necesidad de reforzar el compromiso con una dinámica fiscal sostenible que asegure la sustentabilidad de la deuda".

Periodista: ¿Cuál es el escenario que se presenta con la llegada de Trump a la presidencia de EE.UU.?

Fernando Marengo: Trump dirigió su campaña electoral a la parte de la sociedad americana que quedó excluida del proceso de crecimiento, como consecuencia del envejecimiento de la población (a medida que la población envejece incrementa su demanda por servicios; una persona anciana incrementa el consume en turismo, ocio, servicios de salud, etc.) y del inevitable proceso de especialización, globalización y tecnificación que enfrenta el mundo. En las últimas décadas, el mundo aprendió que la especialización y el intercambio comercial impulsan el crecimiento económico, generando una mejora en el bienestar promedio de la sociedad, donde hay ganadores y perdedores. El sector industrial en EE.UU. claramente fue parte de los perjudicados en este proceso, ya que fue resignando participación en el PBI, a la vez que el proceso de tecnificación provocó que la masa salarial industrial fuera reduciéndose en favor del retorno a capital invertido en la tecnificación de la economía. Trump prometió volver a desarrollar la industria, lo que intentaría restringiendo la competencia externa mediante el cierre de la economía de EE.UU.

P.: ¿Y cómo afectaría eso a la Argentina?

F.M.: Del análisis de las cifras surge que la Argentina es competidora de los Estados Unidos en la mayoría de sus productos de exportación, con lo cual el eventual impacto del cierre de la economía americana sobre el país sería más indirecto que por las ventas que le realizamos a esa economía. Además, si bien a nivel macro no resultan tan significativos, no se puede negar el fuerte impacto negativo que en economías regionales tendrían restricciones como las dispuestas esta semana al limón tucumano. Siendo la principal economías del mundo, el cierre de la economía americana afectaría la tasa de crecimiento global con el consecuente impacto sobre el poder de compra del mundo y nuestras exportaciones de manera indirecta. El segundo impacto, podría venir a través del incremento en el costo de financiamiento. Las cifras de Estados Unidos muestran que el país está creciendo a un ritmo mayor de su PBI potencial, lo cual es insostenible en el mediano plazo sin generar desequilibrios macroeconómicos. Sin embargo, Trump llegó al Gobierno con la promesa de un paquete fiscal expansivo. El impacto de un esta medida en una economía con inflación por encima de la meta de la Fed, que está en pleno empleo y no tiene capacidad ociosa, va a provocar presiones inflacionarias. Esto generará un aumento en la tasa de interés de EE.UU., que repercute en el costo del financiamiento a nivel mundial. En Argentina, con un déficit fiscal abultado, la suba de las tasas incrementará el costo de financiamiento, tanto del déficit fiscal como de los proyectos de inversión. Mientras Trump lleve a cabo la propuesta de cerrar la economía americana, va a afectar el crecimiento económico y las exportaciones argentinas en volúmenes y eventualmente en precios. El Gobierno argentino comenzó a notar la restricción presupuestaria que tenemos como país y parecería que va a actuar en consecuencia.

P.: ¿Esto implica que el Gobierno debe adoptar una política de shock o puede continuar con el gradualismo?

F.M.: La elección de Trump, combinada con la media sanción en diputados de la reforma del Impuesto a las Ganancias por parte de la oposición parece haber generado un cambio en el discurso del Gobierno. Se volvió a poner la cuestión fiscal en la agenda, que durante el 2016 había estado ausente. Comenzamos a escuchar nuevamente sobre prudencia fiscal, la sustentabilidad de la deuda, necesidad de mejorar la competitividad, temas que le interesan a un eventual inversor. Al asumir, el Gobierno optó por una estrategia fiscal gradualista en un escenario de tasas internacionales bajas, en el cual el país iba a poder realizar una compresión de los spreads. Ante el cambio del contexto, resulta fundamental tomar las medidas tendientes a reforzar el compromiso con una dinámica fiscal sostenible que asegure la sustentabilidad de la deuda.

P.: ¿Cómo va a bajar el Gobierno el déficit del 2017? Este año no lo va a ayudar el blanqueo como en los resultados del año pasado.

F.M.: El Gobierno fijó como meta para 2016 la reducción del déficit en un punto del PBI. Las cifras referidas al cierre fiscal del año pasado dejan al descubierto que, luego de todos los ajustes (blanqueo, transferencias de BCRA y FGS, nuevas cifras del PBI, libramiento impagos), el déficit creció respecto del año anterior. Si bien no existe experiencia en el país de una reducción en el déficit en un año electoral, cuando se opta por un esquema gradual, implica que todos los años se debe trabajar en el frente fiscal independientemente si sea año electoral o no. Está claro que hay mucha ineficiencia de gasto. El Gobierno buscará controlarlo trabajando en la eficiencia del mismo para intentar cumplir con la meta fiscal. El objetivo fiscal debería reducir el déficit para garantizar que la deuda entrará en una dinámica convergente, es decir, que irá cayendo en términos del PBI. Pensando a mediano plazo, hay que reducir el empleo informal en la economía, cualquier dinámica fiscal es insostenible cuando un tercio de la población no está inserta en el sistema. El país se debe una discusión profunda sobre una reforma tributaria amplia que incluya al Gobierno nacional y a los provinciales y la forma en la cual se relacionan.

P.: ¿Es factible una meta de inflación del 17% para este año?

F.M.: La variable crucial para determinar cuál va a ser la inflación de este año va a ser la evolución de paritarias. Se puede negociar salarios en base a la inflación pasada, que rondó el 40%, o en base a la inflación esperada a futuro. Sin embargo, si uno se fija en la evolución del año pasado, en el segundo semestre la tasa anualizada de inflación se ubicó en torno al 20%. Si se quiere recomponer el poder de compra perdido en 2016, las paritarias deberían estar entre el 20% y un 25%. Si a esto le agregamos un evolución cambiara sin grandes sobresaltos, con precios internacionales estables y con los ajustes pautados de tarifas y de servicios públicos, la tasa de inflación podría estar en torno al 20% o incluso por debajo.

P.: Este año el dólar va a estar planchado y se volverá a atrasar el tipo de cambio...

F.M.: Las autoridades del Banco Central están implementando un esquema de metas de inflación. Utilizan como herramienta de política monetaria la tasa real de interés, con la idea que los argentinos a la hora de tomar decisiones financieras deban comparar sus rendimientos con lo que ocurra con la tasa de inflación. Sin embargo, como resultado de los sucesivos desmanejos que enfrentó el país a lo largo de la historia, los argentinos utilizamos al dólar como unidad de cuenta. Estamos dispuestos a hacer colocaciones en pesos siempre y cuando la tasa esperada en dólares sea positiva, es decir, cuando el sistema financiero pague una tasa de interés más alta que mi expectativa de depreciación. Si bien el BCRA tiene como objetivo que la tasa real sea positiva, al mismo tiempo tiene que cuidar que la tasa implícita en dólares también sea positiva. El logro de los requisitos permitirá la expansión del sistema. Por otro lado, está el problema de la competitividad. Cuando el tipo de cambio se atrasa escuchamos como primera solución devaluar la moneda. Si la devaluación fuera la solución a los problemas de competitividad, Argentina sería el país más competitivo del mundo dada la historia de devaluaciones que tiene. La depreciación hace ganar competitividad en el corto plazo, pero dependiendo de cuán pleno empleo se encuentre la economía se pasa a precios más temprano que tarde, con lo cual se termina perdiendo la competitividad lograda artificialmente. Si queremos pensar en mejorar la competitividad, habría que analizar la estructura de costos de la economía, que presenta una elevada presión tributaria, infraestructura insuficiente y en mal estado, cargas salariales y costos financieros elevados, distorsiones de precios relativos, entre otros. De una vez por todas, Argentina tiene que encarar seriamente los problemas de competitividad pensando en el mediano plazo no buscando atajos.

P.: ¿Qué medidas tiene que adoptar el país?

F.M.: El desafío del país es lograr por primera vez en su historia un proceso de crecimiento sostenido de mediano plazo. Para bajar la pobreza del 30% al 10% con la actual distribución del ingreso, la Argentina tiene que crecer 20 años al 4,5% por año. Para lograr ese objetivo se necesita un nivel de inversión compatible, el cual demanda financiamiento. Intentar el financiamiento exclusivamente en los mercados internacionales provocaría un desequilibrio de tal magnitud en las cuentas externas que más temprano que tarde el mundo dejaría de financiar. Hay que incentivar y lograr desarrollar un mercado de capitales doméstico compatible con el objetivo, el cual presenta requerimientos mucho más allá de los económicos.

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