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Tsipras y su inevitable pirueta
La dificultad de Grecia es que enfrenta dos restricciones financieras severas. Tienen obligaciones que vencen a fin de mes por 1.700 millones de euros, con el FMI, y por 8.000 millones en julio, con el Banco Central Europeo (BCE). Su deuda pública es del 170% del PBI. Además, enfrenta una corrida de depósitos angustiante que ha sido atendida con préstamos del BCE, facilidad otorgada bajo ELA (autoridad de préstamos de emergencia), por casi 90.000 millones de euros. Sin el apoyo del BCE, los bancos griegos no podrían hacer frente a los retiros de depósitos.
Las actuales autoridades griegas invirtieron demasiado tiempo en disputar con sus acreedores e instituciones europeas los términos del programa económico a seguir para cumplir los acuerdos suscriptos o acordar su adecuación. En estos meses, las dudas de un posible programa empujaron a retacear compras, pagos de impuestos y deudas. La recaudación impositiva y el PBI se desplomaron, al tiempo que los préstamos en mora aumentan y los depósitos huyen de los bancos.
Grecia está en una gran dificultad. Integra la Unión Europea y el euro. Salirse de esas instituciones sería devastador para el pueblo y para la economía del país, que vio mejorar su calidad de vida enormemente al comenzar su proceso de entrada a la Unión Europea y al euro. A pesar del desplome de su economía, desde 2009, el ingreso por habitante todavía alcanza los 16.000 euros. Si bien la deuda es sumamente elevada, goza de términos muy ventajosos, y los acreedores, entes oficiales extranjeros, mejorarían las condiciones una vez aceptado un convenio firme y cumplible.
El mandato del electorado griego fue de negociar para aliviar las condiciones financieras, pero mantenerse en el euro. El tiempo insumido en las negociaciones elevó el costo aquéllas para el pueblo. La indefinición incentivó comportamientos sociales adversos, como demorar pago de impuestos, créditos bancarios y a proveedores. Ahora, Grecia es la única nación del euro que empeoró su economía en 2015.
Alexis Tsipras, el primer ministro y líder del Gobierno, deberá desandar camino, cambiar posturas y pedir un nuevo mandato, sea mediante un referendo o una nueva elección. Todo ello implica más tiempo. Lo mismo deberán hacer algunos gobiernos de la eurozona para aprobar cualquier acuerdo. Los partidos políticos tanto de Grecia como del resto de la eurozona debatirán agudamente las condiciones, dada la desconfianza ganada. Y las discusiones llevarán esfuerzos y tiempo.
El denominado "Grexit", la salida de la eurozona, no está en discusión, ni es deseada por Europa ni por el electorado griego.


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