4 de diciembre 2013 - 00:00

Tucumán sumó su décima conquista en el historial

Desde aquel 1985, en donde un grupo de jugadores vestidos de naranja hicieron retroceder con su maul a Hugo Porta y compañía, que Tucumán pisa fuerte en el Argentino de Uniones. Esa fue su primera conquista y dio inicio a una mística inquebrantable, inaugurada por una camada fabulosa de jugadores. De aquellos Garretón, Ricci, Le Fort a estos Villaluenga, Rojas y Ledesma. La leyenda tucumana está llena de triunfos y, como toda buena historia, también tiene sus sinsabores.



Después de ese campeonato de 1985, La Naranja repitió la final al año siguiente, pero Buenos Aires se tomaría revancha al derrotarlo. Sin embargo, no bajó la guardia y se quedó con los torneos desde 1987 a 1990. El del 91 no lo jugó por una sanción y volvió con todo para quedarse con los campeonatos de 1992 y 1993. Allí se cerró el ciclo más exitoso de la historia tucumana. Le iba a costar volver a los primeros lugares. Aún así, con todos esos momentos de incertidumbre a cuestas, logró llegar a las finales de 1999 y 2000. Pero tres años más tarde, su peor pesadilla se haría realidad: Salta lo condenaba al descenso en su propia casa. Tucumán tocó fondo y se preparó para volver con todo. Y vaya si lo hizo.

Luego del 2004 en el ascenso, consiguió llegar a 6 finales de manera consecutiva desde 2005 a 2010, logrando dos títulos en ese lapso. Posteriormente hubo un recambio generacional que lo marginó de los partidos decisivos aunque sin perder protagonismo. Quizás en 2012 se vio la versión más floja del seleccionado. Pero el entusiasmo volvió y se vio traducido en las tribunas repletas del Tucumán Lawn Tennis que volvió a ser La Caldera del Parque. Porque Tucumán volvió a ser La Naranja mecánica que todos añoraban ver. Con jugadores que quieren la camiseta y que se ven identificados por la causa. Así se fue forjando un equipo que estuvo a la altura de la historia. Dejando el nombre de La Naranja bien en alto. Como ayer y como siempre.