Turner: una exposición única para apreciar sus acuarelas

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• EL MUSEO NACIONAL DE BELLAS ARTES ABRIÓ AL PÚBLICO LA MUY ANTICIPADA MUESTRA DE SUS 85 OBRAS
Sus célebres efectos de luz y sombra, en medio de notables fenómenos naturales, pueden ahora verse al natural.

Recién llegadas de la Tate Collection de Londres, las 85 acuarelas de Turner (1775-1851) que hoy se exhiben en el Museo Nacional de Bellas Artes deparan una intensa experiencia estética. En las expresiones románticas de Turner hay contraluces, una paleta de tonalidades extrañas, sus célebres efectos de luz y sombra en medio de notables fenómenos naturales y, una atmósfera en ocasiones envolvente. Si bien el gusto argentino suele menospreciar las obras sobre papel, Turner es Turner en sus acuarelas, técnica que dominó antes que el óleo. Dueño de un lenguaje que se sirve de la realidad para reflejar emociones, esquivó el relato histórico y le otorgó a la acuarela el tamaño y la jerarquía del óleo. Después de representar la arquitectura urbana que escaló en sus obras el status de obra de arte, eligió la naturaleza para transmitir sentimientos y una marea de sensaciones.

La exhibición "J. M. W. Turner. Acuarelas" se inicia con obras de fines del siglo XVIII y llega hasta los años 40 del siglo XIX. Al final de su trayectoria, las obras del artista, fundamentales para el surgimiento del Impresionismo, ingresan en el territorio de la abstracción. Así se acentúa el carácter onírico de las visiones que abrirían camino a la sucesión de "ismos" de las vanguardias.

La sabiduría y la pasión del curador es un privilegio extra en esta muestra. David Blayney Brown presenta una acertada selección de obras y un montaje organizado en seis capítulos que permiten entender la evolución del artista, la influencia de las ideas, el contexto social e histórico de la época y la pasión por los viajes. Allí está el relato de la vida, el gusto y el mercado en los tiempos de Turner; su relación con los mecenas, galeristas y con el crítico John Ruskin, que le dedica el ensayo "Pintores modernos", donde defiende las últimas obras, la niebla, la lluvia y los colores que se vuelven fantásticos. "Es el artista que más conmovedora y acertadamente puede medir el temperamento de la naturaleza", observa Ruskin.

El curador Blayney Brown, que define la exposición como cronológica y temática, señala: "Hay un gran cambio en el tratamiento del color, hay un movimiento que va de lo más oscuro a lo más brillante, a lo más claro. [...] Un movimiento que va desde las representaciones convencionales, el paisajismo de composición, hacia un foco cada vez mayor que es lo esencial del paisaje para el artista. Me refiero a la predominancia de la luz, la atmósfera, las condiciones climáticas y las formas, por ejemplo de los árboles y las montañas, además de todo aquello que lo rodea".

En el exhaustivo texto del catálogo, Blayney Brown relata el primer viaje de Turner a Cuomo y Venecia en 1819, y describe "la transparencia de la acuarela, con húmedas y delgadas aguadas que meramente flotaban sobre la superficie del papel". Aquel que se deje llevar por la contemplación descubrirá, flotando, el mundo onírico del inconsciente, lo que subyace bajo la apariencia de los fenómenos naturales, el alma humana. John Berger advierte al espectador que no debe leer (interpretar) las imágenes, y sugiere: "Déjalas hacer su trabajo en tu imaginación".

El romanticismo surge frente a la inexpresividad y el racionalismo del arte neoclásico. Y Turner percibe en la naturaleza la emoción singular de lo sublime, la serenidad y a la vez el desorden. La belleza sublime cumple un papel crucial: despierta la sensibilidad dormida, recupera para el arte las experiencias extremas y el renacer de la epopeya de las expediciones por lugares exóticos. "Un naufragio" se titula una acuarela brumosa como un espejismo. Hay un barco cuyas formas grandiosas y obscuras se desdibujan en la blancura del cielo y de un mar también blanco que se adivina turbulento. En la popa se divisa una mancha color siena y se intuye el fuego. Unas pocas pinceladas definen la tragedia.

Turner es reconocido como un genio porque alcanzó los logros supremos de la pintura paisajística en Occidente. Si para el público en general resulta fácil acceder a los secretos de una muestra que enriquecerá sus conocimientos y su espíritu, para cualquier artista "J. M. W. Turner. Acuarelas" significa una revelación filosófica, teórica y práctica, además de un espectáculo fascinante. Los datos de los extensos carteles que acompañan a cada cuadro implican una cortesía del curador, un trabajo extra al servicio del que mira. De más está decir que con la cotización actual de la libra, hoy el costo de la muestra, que ya está paga, se tornaría imposible de financiar.

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