Ankara - Turquía vivió ayer una jornada de duelo y conmoción por el atentado del sábado a la noche en Estambul, que causó 38 muertos y 155 heridos y que reivindicó una organización radical kurda, mientras que el presidente, Recep Tayyip Erdogan, prometió que los autores pagarán "un precio muy alto".
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El doble ataque sacudió las inmediaciones del estadio del Besiktas, en el centro de Estambul, pasadas las 22 hora local, media hora después del final del partido de este club contra el visitante, Bursaspor. Los espectadores ya habían abandonado el recinto deportivo, pero quedaban las dotaciones de la policía antidisturbios que fueron el blanco del atentado, como confimaron ayer las autoridades. Un coche bomba estalló al lado de un furgón que estaba estacionado frente a una de las puertas del estadio, y menos de un minuto más tarde, un suicida se inmoló entre un grupo de agentes en el cercano parque Maçka. Treinta de los muertos son policías y siete son civiles. Uno no había sido identificado.
Varios portavoces del gobierno señalaron que "todos los indicios apuntan al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK)", la guerrilla kurda, pero por la tarde de ayer el atentado fue reivindicado por los Halcones de la Libertad de Kurdistán (TAK). Este grupúsculo se presenta como una escisión radical del PKK, aunque el gobierno la considera simplemente una "marca subsidiaria" del ese grupo armado para cometer atentados que darían mala imagen. El TAK se atribuyó diversos ataques y atentados especialmente cruentos desde 2004, y sólo en 2016 reivindicaron una decena de acciones con 7 atacantes suicidas.
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