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UCR confirma enroque en bloque del Senado
Gerardo Morales, Ernesto Sanz
Pero ese cambio, que por ahora no aparece traumático para los senadores radicales, tiene detrás una pelea por el resto de los cargos que aún no se ha solucionado.
En ese juego, el pampeano Juan Carlos Marino eligió quedarse como vicepresidente primero de la Cámara y no competir con Morales por el bloque.
Pero detrás de esa armonía aparece otra disputa: mientras el bloque radical del Senado aparece como la avanzada más compacta del Comité Nacional en el Congreso, el grupo que se nuclea alrededor de Julio Cobos representa el polo opuesto de quienes impulsan no sólo la candidatura presidencial del mendocino sino el copamiento de todo el control de la estructura partidaria.
Un ensayo de esa pelea se vio en Diputados, donde Cobos salió ampliamente triunfante. Allí impuso la renovación del mandato del cordobés Oscar Aguad como jefe de bloque frente a la candidatura de Ricardo Alfonsín, que deberá esperar un año para ilusionarse con una alternancia que le permita hacerse de la presidencia de esa bancada. Una promesa demasiado lejana como para confiar en semejante acuerdo, sobre todo teniendo en cuenta que para entonces todos los partidos estarán entrando de pleno en la campaña presidencial de 2011.
Quienes manejan esta estrategia para el vicepresidente son viejos conocidos de la Junta Coordinadora Nacional, el brazo del radicalismo que a fuerza de movilización y estrategia rodeó a Raúl Alfonsín a partir de 1983 esterilizando de hecho toda otra actividad partidaria.
Mas allá de la existencia entonces del Movimiento de Renovación y Cambio, el mismo que fundó Alfonsín y que lo llevó a ganar la interna de la UCR primero y luego lo acompañó a la presidencial, la Coordinadora supo hacerse imprescindible para Alfonsín, sobre todo cuando la fiesta de la democracia del 83 comenzó a dar paso a una realidad complicada en lo económico.
Todo presidente necesita una fuerza que no cuestione sus decisiones en los momentos duros.
De ese proceso el radicalismo no salió bien parado: la reacción interna a la Coordinadora (máxima responsable ante el público de los desajustes del radicalismo cuando la crisis era inevitable en 1989) volcó a la UCR hacia el centro en un lento proceso que durante el Gobierno de Carlos Menem terminó entregando la candidatura presidencial a Fernando de la Rúa en sociedad con el Frepaso.
Lo curioso es que de uno u otro bando, los protagonistas de ese proceso siguen siendo los mismos que hoy arman la estrategia del renacimiento radical de la mano de Cobos: Federico Storani, Leopoldo Moreau, Enrique Nosiglia o Jesús Rodríguez. Son los mismos que ahora reclaman más protagonismo al radicalismo de la Capital Federal, que de ser la fuerza dominante en el distrito durante décadas pasó a no tener diputados o legisladores porteños que la representen en las cámaras (tras la debacle del Gobierno de De la Rúa) o que prometen también reorganizar la UCR de la provincia de Buenos Aires, tras años de no haber superado allí el 2% de los votos. Claramente, entonces, la interna que tiene por delante la UCR poco tiene que ver con los problemas de Morales, Sanz o el propio Cobos, sino con la historia partidaria que nunca termina de volver.


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