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UCR: lamentos y pulseadas como “prólogo” de 2017
Ernesto Sanz, Enrique “Coti” Nosiglia, Ricardo Alfonsín y Daniel Salvador
Ayer no era oficial la convocatoria a una reunión del Comité Nacional que preside José Corral, pero con mesa ampliada, es decir, sumando a las autoridades legislativas, a gobernadores -si alguno quiere estar- y a dirigentes relevantes, entre los que suelen aparecer, además de Sanz, Enrique "Coti" Nosiglia y, entre otros, Jesús Rodríguez.
La cumbre se precipitó, con consultas informales, a partir de que apareció en público una discusión que no se dio en el ámbito partidario: el plan del Acuerdo del Bicentenario, con el cual Sanz quiere lograr una empatía política con peronistas Macri friendly y renovadores que iba a discutirse en la mesa cerrada del último martes no llegó a tratarse en profundidad porque la charla se fue repasando la ley de reforma política que impulsa Mauricio Macri y que, ayer, derivó en un encuentro entre Corral y Adrián Pérez.
La tesis de desinflar las primarias es uno de los factores que el radicalismo le reprocha a la Casa Rosada porque supone que en 2017 la existencia de PASO obligatorias y masivas eran el atajo para hacerle valer al PRO la mayor territorialidad que tiene la UCR, al menos en el interior del país y de las provincias.
Aunque sean chispazos, los radicales que no se sienten del todo parte del Gobierno empiezan a poner bajo la lupa episodios que suponen tensos a futuro. Por caso, que el "Colorado" Carlos Mac Allister aseguró que el año que viene no irá, en La Pampa, en alianza con la UCR. No lo dijo pero se atribuye la misma posición a Héctor Baldassi en Córdoba, donde la relación del macrismo es más aceitada con Juan Schiaretti, el gobernador peronista, que con las diferentes tribus radicales.
Otro escenario inquietante, en el mapeo del país, es Mendoza, donde el macrismo se mueve con posición crítica ante el gobernador Alfredo Cornejo. Nada es, por ahora, dramático pero cada uno de esos sacudones se interpretan como prólogos de las negociaciones que vendrán para el año que viene y tendrán un componente particular: en 2015, en elecciones ejecutivas, la UCR careció de candidatos taquilleros en los principales distritos -Nación, Capital, Buenos Aires- y se plegó a los encantos que generó el PRO.
En el turno próximo, en sectores de la UCR creen que esa relación tiene que invertirse. La tesis Sanz de sumar, como otro actor a sectores del peronismo, termina de alterar los ánimos de tribus radicales. "Son discusiones que siempre existen pero que al final se terminan ordenando" dicen desde la UCR más incorporada al Gobierno.
Hay, sin embargo, asuntos previos. Y cierto ritual de quejas sobre por donde y desde donde surgen los entendimientos y los acuerdos. Así como desde la cúpula nacional se reclama que se discuta el pliego acuerdista de Sanz, Ricardo Alfonsín, como presidente del Comité Provincia de la UCR, reaccionó abiertamente por el acuerdo sellado entre el vidalismo, vía Manuel Mosca, y el massismo, a través de Jorge Sarghini, para avanzar con una ley que limita las reelecciones de intendentes y legisladores en la provincia.
"Eso no se discutió en el partido" se quejó Alfonsín que, por su lado, convocó a una juntada de la mesa provincial también para el martes donde aparece otro expediente político en veremos: este año deben renovarse autoridades en el comité provincia y ya se comienza a barajar variables y opiniones sobre qué hacer. La mirada está en torno de Daniel Salvador, vicegobernador bonaerense: una posición indica que si María Eugenia Vidal va a presidir el PRO, Salvador debería presidir la UCR; otra señala que poner al vicegobernador al frente del partido es "limitar" la autonomía del partido.
La relación entre Alfonsín y Salvador es mala. Ambos se reprochan ser responsables del "bajo protagonismo" de la UCR en la gestión bonaerense. Hay facturas cruzadas por el manejo de las internas y al vice lo castigan por haber puesto a Jorge Elustondo como ministro de Producción, un hombre de su entorno más próximo, en vez de "abrir" esa cartera para otros sectores de la UCR.
En la provincia ocurre, en escala menor, lo que pasa a nivel nacional: aunque los lamentos iniciales por la escasa participación en el Gobierno parecen terminados desde lo institucional pero se reavivan cuando aparecen temas complejos como los tarifazos o el veto a la ley antidespidos, temas en los que la UCR debe salir "a bancar" pero sin haber participado en la toma de decisiones.
Los radicales abrazan como un mandamiento la idea de que "ni Macri hubiese sido presidente ni Vidal gobernadora sin un acuerdo con la UCR". Por eso, en un episodio casi de diván, presionan para que sus socios mayores los traten como eso: que el macrismo los respete como a los socios imprescindisbles que los radicales creen que son.


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