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Ultimátum a Grecia: reformas o default
El primer ministro griego, Lucas Papademos, se reunió ayer nuevamente con los líderes de la oposición para conseguir apoyo al programa de ajuste. Declaraciones contradictorias generan preocupación. El ministro de Finanzas, Evangelos Venizelos, es el foco de la bronca de la troika.
Por otro lado, la crucial reunión entre el primer ministro griego, Lucas Papademos, y los principales líderes políticos del país sobre las medidas de austeridad que exige la comunidad internacional a cambio de más ayuda financiera terminó ayer sin resultados. El líder del partido ultraderechista LAOS, Yorgos Karatzaferis, dijo ante la prensa que no está dispuesto «a contribuir a una rebelión de hambre que en poco será extendida a toda Europa». Declaraciones similares hizo el líder del partido conservador Nueva Democracia, Antonis Samarás. «No podemos dar nuestro acuerdo a más recesión y más hambre», dijo el líder conservador en aparente referencia a la exigencia de la troika de reducir los salarios en el sector privado en un 25%, además de recortar el gasto sanitario en unos 1.000 millones de euros.
Papademos contradijo a los dos líderes de la derecha, y afirmó que en la reunión de ayer sí se alcanzaron algunos acuerdos. Concretamente, mencionó medidas de reducción de gasto público por un equivalente al 1,5% del PBI y la recapitalización de la banca local, entre otras.
La troika, compuesta por representantes del Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea, exige la reducción drástica de los salarios en el sector privado, la reducción de los complementos de pensiones y numerosas medidas de reducción del gasto público. Tanto los sindicatos como la patronal, y también el Gobierno, advierten que la adopción de estas medidas provocaría aún más recesión y alejaría la perspectiva de recuperación económica.
Agencias EFE y Reuters


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