26 de octubre 2011 - 00:00

Último indulto, la oferta K para seducir disidentes

Carlos Kunkel
Carlos Kunkel
Fue uno de los más virulentos contra los «traidores». Se recuerda, todavía, la catarata de insultos que le dedicó a Felipe Solá cuando el exgobernador votó contra la 125. Pero ahora, peronista clásico, Carlos Kunkel se convirtió en vocero del perdón.

El diputado ultra-K anunció ayer una oferta de indulto a los peronistas disidentes para que regresen al PJ para intervenir en las internas partidarias de 2012 en las que se deben renovar tres cúpulas peronistas: la nacional, la porteña y la bonaerense.

«El peronismo siempre tiene las puertas abiertas» dijo, protocolar, Kunkel, abrazado a la biblia partidaria y recurriendo a la inconfesable verdad 21 que indica que los perdedores corren en auxilio de los ganadores, reversión brutal del lema el que gana conduce, el que pierde acompaña.

El legislador fue más explícito en cuanto a los tiempos y el objetivo de la convocatoria al regreso. «Todos los que se han ido del peronismo pueden regresar al PJ para participar de internas para cargos partidarios en 2012», señaló en referencia a las tres disputas en gateras.

De todos modos, le aportó una cuota de dramatismo al advertir que la amnistía para los que se fueron sería la última. «A partir de 2012, se acabó». Fue más explícito. «El año que viene hay elecciones internas de autoridades del PJ. Tienen que ser las últimas elecciones en que haya amnistía previa para todos los que se han ido del peronismo». Un sueño de difícil cumplimiento: cada elección, el PJ declara una amnistía o ignora el pasado reciente de sus candidatos.

La convocatoria de Kunkel sirve, al menos, para proyectar alguna certeza. La más importante es qué hará Cristina de Kirchner con el PJ cuando venzan, en mayo próximo, los mandatos de los consejeros del partido, que asumieron en 2008 encabezados por Néstor Kirchner.

En Casa Rosada, como expresión de visiones distintas dentro del kirchnerismo, hay hipótesis diferentes: un sector, más pro PJ, sostiene que Cristina de Kirchner asumirá la jefatura del partido en lugar de Daniel Scioli para tomar en sus manos la suma de los poderes, el institucional y el partidario.

Sin embargo, otra ala anticipa que la Presidente, que asume que su espacio es más amplio que el peronismo, no tiene interés en asumir el mando partidario, aunque hará valer su preferencia y su voluntad a la hora de definir quién ocupará la jefatura del partido. Pero además del PJ nacional hay otras dos butacas en juego: la del PJ porteño, cuyos mandatos vencen en diciembre próximo, y la del PJ bonaerense, que deberá elegir nuevo comando para fines del año próximo. Por esa razón, se arriesga en Gobierno que se podría demorar la resolución para unificar todas las variables en una especie de acuerdo macro.

Respecto de esos dos sillones, hay versiones más o menos nítidas. Sobre el bonaerense parece inevitable, salvo que se produzca una crisis abierta con la Casa Rosada, que Daniel Scioli sea proclamado como presidente del partido, desplazando a Hugo Moyano, quien confiesa, más allá de sus aventuras vandoristas -la idea de crear un partido sindical- que su desembarco en el PJ bonaerense fue pura pérdida.

En cuanto al porteño, se da por hecho la salida de Juan Manuel Olmos, dirigente que reemplazó a Alberto Fernández en la jefatura partidaria. El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, es un nombre que suena, hace tiempo, para ese cargo. También se menciona con intención de quedarse con ese lugar al legislador Juan Cabandié.

La cuestión porteña depende de otros factores; por caso, cómo se posiciona Amado Boudou en el esquema K y si pretende, desde ese lugar, incidir en el diseño del nuevo mando del peronismo de la Ciudad.

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