- ámbito
- Edición Impresa
“Ultramarina”: sobre rufianes, tango y klezmer
De izq. a der., sentados: Santiago Bürgi, Victoria Gaeta, Pablo Mainetti, Edgardo Cozarinsky y Marcelo Lombardero. De pie: Myriam Toker y Trini Goyeneche.
La génesis de esta obra se remonta a 2007, cuando Lombardero estaba al frente del Colón y, junto con la Fundación Szterenfeld, encargó al bandoneonista y compositor Mainetti una ópera basada en la novela "El rufián moldavo" de Cozarinsky, de cuyo libreto se ocupó el mismo autor.
"Ultramarina" iba a ser estrenada al año siguiente, en el marco de los festejos del centenario del Colón, y lo que sobrevino es conocido: con el cambio de autoridades se dejó sin efecto la temporada prevista por la gestión saliente, además de disolverse la Ópera de Cámara, que iba a estrenarla.
En 2008 se presentó un pequeño fragmento en el Centro Cultural Recoleta, como anticipo de su participación en el Festival de Tango de 2009, cosa que finalmente no ocurrió. De modo que su estreno mundial será este domingo por el emprendimiento TMC, que ya presentó durante dos temporadas el espectáculo "Bromas y lamentos".
"Ultramarina" adapta para la escena algunos de los nudos dramáticos de esta historia que tiene como referencia la Zwi Migdal, la infame red de trata de personas que funcionó en Buenos Aires en las tres primeras décadas del siglo pasado, integrada por proxenetas judíos que forzaban a la prostitución a mujeres que traían de la Europa del Este.
En la ficción de la ópera, dos de esas mujeres son Zsuzsa (Victoria Gaeta), quien en su desesperación y afán por aferrarse a la vida se enamora de un bandoneonista que toca en piringundines, Samuel (Santiago Bürgi), y Perla (Myriam Toker), ya a salvo de la red y dedicada al canto popular en cabarets de no mejor reputación.
El elenco se completa con Norberto Marcos en varios papeles (rematador, rabino, patrón), Trini Goyeneche (Yvette), Rocío Arbizu (Marcelle), Marta Cullerés (Madame Sapho), Diego Cosin (Zinitsky) y Miguel Ángel Moraga (Zeitblum). Mainetti, quien también tocará bandoneón en escena, compuso "Ultramarina" para un conjunto de quinteto de cuerdas, flauta, clarinete, fagot, trombón, piano, bandoneón y percusión.
"Para un cantante, formar parte de esta producción es como hacerlo en los años de Rossini o Verdi cuando estrenaban sus obras", se entusiasma la soprano Myriam Toker en diálogo con este diario. "Rara vez se puede ensayar con el compositor y el libretista presentes. Y más aun cuando el director es también el creador de la dramaturgia".
Para la intérprete de Perla, esta puesta funciona en distintos niveles: "Por un lado está el drama de la prostitución en su conjunto, que echa luz también sobre el maltrato a la mujer en general en una época determinada. Luego, la forma en que dos mujeres, unidas en un mismo destino, reaccionan de manera aparentemente distinta a ese horror. Zsuzsa no logra sobrevivir, pero si bien Perla, mi personaje, sí puede hacerlo, en el fondo hay un desinterés por esa supervivencia. Yo diría que Perla atraviesa ese drama desde lo que se conoce como la resiliencia, es decir, esa capacidad de sobreponerse a situaciones terribles, aunque íntimamente, tampoco esas personas estén vivas. La determinación social refuta el libre albedrío. Perla sobrevive pero ya no siente más nada. Hay en su conducta un matiz de esa depresión que produce la supervivencia en tiempos de guerra, y que ha llevado a tantos prisioneros liberados al suicidio, inclusive muchos años después del trauma, como Paul Celan o Bruno Bettelheim".
Toker, a quien se vio el año pasado en "Bebe Dom" en el Teatro Colón, señala también que uno de los aspectos más apasionantes de la dramaturgia de "Ultramarina" es su abstracción, que se hace eco del espíritu de una música que tiene como referencia más notable la Escuela de Viena: "eso está respetado en la puesta en escena de Marcelo Lombardero. Hay mínimos gestos y máximos contenidos".
Sobre la música, expresa que la partitura, si bien incluye aires de tango por momentos, es lo menos parecido a aquellas ópera-tangos piazzollianas. "No hay patchwork, no hay superposición de estilos. La música es un fluir de células mínimas de expresión. No es completamente atonal. Hay una riquísima heterogeneidad de lenguajes musicales, donde conviven el tango, el el klezmer, la música ritual judaico-litúrgica. A mi juicio, lo que ha hecho Mainetti es tematizar, en su música, lo que significó la Escuela de Viena, pero no sólo como disolución de la tonalidad como hecho artístico sino también como respuesta a la disolución moral contemporánea a ella, representada en su punto culminante por las dos guerras mundiales. Los paradigmas destruidos de Occidente".
La dirección musical estará a cargo del director de orquesta Andrés Juncos, la escenografía y vestuario están a cargo de Noelia González Sbovoda; la iluminación es de Horacio Efron; la asistencia artística de Ignacio Llobera y la coordinación de Carlos Sampedro.
Marcelo Zapata


Dejá tu comentario