11 de junio 2012 - 15:22

Un aperitivo español: tras rescate a bancos falta ayuda al Tesoro

Obama habló y presionó, pero Merkel conduce el timón. El presidente de EE.UU. le recordó a Europa sus deberes, y vaya que los mercados tomaron nota, con su mayor suba en 2012. Alemania acusó recibo. El rescate a España está ya sobre la mesa. Pero que nadie se confunda: Alemania no cedió un ápice. Impuso su criterio. No le concedió a Obama lo que en el fondo necesita. La idea de una recapitalización directa de la banca española, que permitiera separar a las finanzas públicas de Madrid del problema patrimonial de su sistema financiero, no vio la luz. Y esa era la clave para truncar la crisis y cerrarle el paso a su contagio.

Dice Mariano Rajoy que se ganó Trafalgar. Y se fue a ver la Eurocopa. Dejó en su despacho una página escueta firmada por el eurogrupo que sumariza el rescate español. Desconfía Alfonso Rubalcaba, el líder de la oposición: «El Gobierno quiere hacernos creer que nos ha tocado la lotería». Pero es verdad. Sólo que se trata de la austera lotería de Berlín. El premio, que se recibe por adelantado, es igual al valor del billete más intereses. Rajoy intentó, pero no pudo conseguir nada mejor. Su primera opción, el BCE, no lo atendió.

¿Rescate a España? ¿O rescate a los bancos de España? Dice Rajoy que no estamos frente a un salvataje convencional, que el arreglo es diferente al que atrapó a Grecia, Irlanda y Portugal. Y, en un sentido estricto, lleva razón. Pero, las diferencias, ¿son relevantes? ¿Está España en mejor posición que sus tres infaustos antecesores como para esperar que el destino no se repita? La respuesta es no. Y la razón de esa negativa, si se rastrean las posturas y las declaraciones de los jugadores de peso, anida en la cerrazón de Berlín. Ni el FMI ni Obama ni nadie pudo perforar esa muralla. Nobleza obliga: Alemania es la que pone la cara. En rigor, la crisis divide a la eurozona en dos. Los socios deudores y los acreedores. Son estos últimos los que se oponen.

Basta con leer el comunicado del eurogrupo para comprender los términos del rescate. Se trata de un salvataje diseñado específicamente para el sistema financiero de España. Difiere, pues, de las tres experiencias anteriores. Los recursos provendrán del «muro cortafuegos»: el Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FEEF) y del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). Como el Gobierno recalca, no hay asistencia prevista del FMI. El dinero lo recibe España a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) y no la Tesorería. Será el FROB el que se ocupe de canalizarlo hacia las entidades con necesidades. ¿Puede considerarse al FROB como un vehículo oficial «fuera de la hoja de balance»? Sí. Pero el comunicado del eurogrupo no se presta a ninguna ambigüedad: «el Gobierno de España retiene la plena responsabilidad por la asistencia». Será el Gobierno, no el FROB, el que suscriba el memorándum de entendimiento. No hay medias tintas aquí: la deuda con Europa es de España, y no del FROB ni de los bancos que resulten beneficiados. No hay capitalización directa. Punto. La iniciativa no bifurca ningún camino: no separa la suerte de la Tesorería de España de la salud de su banca. Más bien, blanqueada la existencia del problema, trasvasa ambas a un cauce compartido, y así aumenta el caudal de las preocupaciones.

¿A cuánto ascienden las necesidades de capital de la banca? No se sabe. España todavía no tocó fondo. Ni su debacle inmobiliaria ni la doble recesión. El FMI publicó el viernes una estimación flamante con el propósito de proveer un mojón de referencia. Tras realizar un enésimo «examen de estrés» (con el perdón de la palabra) concluyó que los requerimientos podrían ubicarse en un rango entre los 25 mil millones de euros y los 37 mil millones. En el escenario más adverso se contempló una caída adicional de los precios de la vivienda del 30% y un retroceso del PBI del 4,1% este año (no se prevé que supere el 2%) y del 1,9% en 2013. Según voceros de la propia institución, lo usual para montar un programa de saneamiento es multiplicar las cifras por «1,5 o 2». La idea (que relativiza la supuesta precisión de los guarismos) es contar con un «colchón» prudencial que permita cubrir el margen de error que siempre se puede encontrar en un terreno tan escabroso. Frente a una necesidad tope así estimada de 75 mil millones de euros, el rescate bancario no se quedó corto. Trepa a los 100 mil millones.

¿Esos 100 mil millones de euros no deberían sepultar -de una vez por todas- el problema bancario? El asunto es que esos 100 mil millones los deberá España. Como se dijo, aumentan el caudal de la deuda pública. Y -como lo demostró la reestructuración griega- tienen prioridad de pago con respecto a las obligaciones que flotan en los mercados privados. El ministro Montoro reconoció, la semana pasada, que las puertas del financiamiento comenzaban a cerrarse para España. Una capitalización directa de la banca las hubiera reabierto. La solución alemana, es lo que se teme, bien puede cerrarlas por completo. Esta es la pregunta del millón: ¿podrá España mantener el acceso a los mercados voluntarios de capital (a plazos mayores a un año)? Aquí se definirá el éxito o no de la operación. Si la respuesta empírica es un no, como ocurrió con Grecia, Irlanda y Portugal, lo que se sirvió hoy es mero un aperitivo. España necesitará un rescate para la banca y otro -mucho mayor- para su Tesorería. En muy poco tiempo. Y, dicho sin ánimo de alarma, que pase el que sigue.

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