20 de mayo 2011 - 00:00

Un avión de 26 años, pero recién chequeado

No fueron el frío ni el hielo los causantes de la tragedia del miércoles. En todo caso, y será la investigación la que lo demuestre o no, habrá sido una falla en los sistemas que evitan la acumulación de hielo en las alas y el frente de la aeronave. Todo lo demás es pura especulación, como las que algunos periodistas ensayaron ayer en relación con que el país de origen de la máquina (Suecia) lo habilitaría para volar mejor que otros a baja temperatura.

Decir eso implica afirmar que los Embraer brasileños sólo podrían volar bien en el trópico, o que los Airbus, ensamblados en la francesa Toulouse, no deberían salir del frío clima europeo. Lo cierto es que a 5.000 metros de altura, o sea, el techo de esta clase de aeronave, la temperatura está siempre por debajo de los -20°, ya sea en Patagonia, el Caribe o el Ártico.

Ayer, en diálogo con este diario, Juan Nyssenegger, presidente de Sol, adelantó que ya se habían recuperado las dos cajas negras de la aeronave, y que estaban en manos de las autoridades. «Hasta que no se abran no podrá saberse qué pasó», dijo el empresario con más de 26 años en el negocio aerocomercial. Agregó que «en su comunicación con tierra el piloto no dio ninguna causa por la que se declaró en emergencia».

El avión que se accidentó el miércoles por la noche por causas aún desconocidas era un Saab 340 A, matrícula LV CEJ (la famosa «Lima Víctor» que caracteriza a los aviones registrados en la Argentina). Fue fabricado en 1985 por un consorcio que por entonces conformaban la sueca Saab y la británica Fairchild. Del aparato, diseñado para vuelos cortos de no más de tres horas, se hicieron unos 500 ejemplares, de los cuales sólo unos 40 fueron ensamblados por el «joint-venture» sueco-británico (los ingleses se fueron tras el primer año). El modelo dejó de producirse en 1995 porque ya no se vendía bien.

El aparato del accidente volaba para Sol desde julio del año pasado, tras prestar servicios para Comair (subsidiaria de Delta Airlines), Northwest Express Airlines, la finlandesa Fina Air y la estadounidense RegionsAir, que dejó de volar en 2007. De acuerdo con el sitio Airfleets.Net, que rastrea los movimientos de todos y cada uno de los aviones comerciales que vuelan por el mundo, el Saab 340 A LV CEJ no registra actividad entre 2006 y 2010, cuando comenzó a volar para Sol.

Cabe apuntar que, pese a ser una aeronave de casi 26 años de antigüedad, eso no la convierte en vetusta. Si a una máquina se le practican todos los controles, cambios de piezas y mantenimiento de fórmula, podría decirse que puede volar para siempre. No hay motivos para imaginar que no se cumplió con el mantenimiento o las reparaciones de rigor, al menos hasta que la investigación demuestre lo contrario. «Al avión se le hizo un C-check (la revisión más exhaustiva) en agosto de 2010, y el próximo estaba programado para enero de 2012; nunca había tenido percances o incidentes», aseguró Nyssenegger.

A diferencia de las otras dos grandes tragedias aéreas que sufrió la Argentina en los últimos 20 años (el vuelo 2335 de Austral que cayó en territorio uruguayo cerca de Tacuarembó en 1993 y el de LAPA en Aeroparque), la empresa enfrentó la crisis desde el primer momento. De hecho, suspendió todos sus vuelos para poner a disposición de los familiares de las víctimas sus cinco aeronaves, todas «hermanas» de la accidentada. Nyssenegger le dijo a este diario que esperaban regularizar sus frecuencias «lo antes posible».

Finalmente, no puede obviarse la morbosa fascinación que tienen los accidentes aéreos sobre la gente, en cualquier lugar del mundo. Ayer los portales de los principales diarios del planeta llevaban en tapa la caída del Sol LV CEJ, algo que no suele suceder en tragedias ocurridas en otros medios de transporte con muchas más víctimas fatales.

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