24 de junio 2009 - 00:00

Un baño de conurbano contra el temor al 97

Néstor Kirchner planeó ayer una caminata por José C. Paz, pero no pudo: la tropa que reunió Mario Ishii lo obligó a hacer el recorrido sobre una camioneta.
Néstor Kirchner planeó ayer una caminata por José C. Paz, pero no pudo: la tropa que reunió Mario Ishii lo obligó a hacer el recorrido sobre una camioneta.
Ardiente, Néstor Kirchner se quería tirar de la Rangers de Mario Ishii con la que, en cámara lenta, avanzaba entre la muchedumbre: un río de treinta cuadras de gente. Un mundo ideal en José C. Paz, único e intransferible, que devolvió la sonrisa al patagónico.

En Olivos, nadie se anima a pronunciar la palabra fatídica -derrota- pero cuando se alejan de la usina de optimismo que es el ex presidente, los interrogantes hacen mella. «¿Y si se repite la situación del 97 cuando el duhaldismo cayó ante la Alianza?», se abruman.

No es la derrota presidencial de Eduardo Duhalde ante Fernando de la Rúa -ese mismo día Carlos Ruckauf derrotó a Graciela Fernández Meijide en Buenos Aires- lo que asusta a los peronistas sino la elección anterior, la legislativa de 1997 donde Meijide volteó a Chiche.

«Es otra situación. La ola que se sintió en aquel momento no se detecta ahora», dicen en Gobierno y se atrincheran en la esperanza de siempre: si se llega a la elección con 3 puntos de ventaja, en las urnas eso se ampliará a algo más de 5 puntos, teorizan.

En 1997, la Alianza se quedó con el 49% de los votos y relegó al PJ al 42%. La polarización, con la oposición concentrada enfrente de los Duhalde, fue fatal. Ahora, se esperanzan cerca de Kirchner, ese mapa no se reproduce porque el voto opositor se dispersa.

Olvidan un detalle: la polarización está en alza y el techo de Kirchner está muy cerca del piso, ambos por debajo del 40% de los votos.

Ayer, en José C. Paz, dominio de Ishii, Kirchner volvió a la calma: repartió sablazos a Mauricio Macri, Julio Cobos y las privatizaciones, sostenido sobre la multitud que le arrimó el jefe local entre promesas de que el domingo el PJ obtendrá más del 50% de los votos.

Ahí radica la principal intriga. Los intendentes duplican o triplican, en general, la imagen positiva de Kirchner. Muchos son, además, candidatos testimoniales. Lo que nadie sabe es cómo se va a comportar el votante ni si la tracción será de abajo hacia arriba o si el ex presidente «planchará» a los candidatos locales.

Dos casos. En La Plata, De Narváez tiene un 35% de intención de voto pero su candidato local, Gonzalo Atanassof araña el 15%. En tanto, por el PJ, Gabriel Bruera suma el 44% y Kirchner pisa el 20%. ¿Cómo se ordenará ese puzzle? Cada uno hace el análisis más conveniente.

Para traccionar hacia arriba, Scioli se arrima a los intendentes. Ayer, por caso, mandó a Alberto Pérez, se mostró con Bruera: el jefe de Gabinete embistió contra Elisa Carrió. «Sus críticas son funcionales al narcotráfico», la castigó.

Otro ejemplo. En General Belgrano, De Narváez obtiene un 30% pero su candidato local apenas un 3%. Ishii, de hecho, espera obtener un 60% de los votos pero Kirchner aparece, como mínimo, 10 puntos abajo del intendente.

Sobre los números de La Matanza, Alberto Balestrini le dijo a Kirchner que gana por 20 puntos, pero en las encuestas previas entre el vice, el intendente local y el ex presidente hay 10 puntos de diferencia. ¿Cuánto significa un 10% de padrón? Cerca de 80 mil votos.

Difícilmente, coinciden en el PJ y en la oposición, se produzcan niveles tan altos de corte de boleta. La clave, entonces, es qué prioriza el elector en el momento final: apoyar al intendente o votar contra Kirchner. Ninguna encuesta tiene la fórmula mágica para proyectar esa operación.

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