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Un buen negocio para la Argentina
Cuatro capítulos tiene la historia de la relación económica entre la Argentina kirchnerista y el chavismo:
El primero comienza ya en 2004, cuando Néstor Kirchner abre relaciones directas con Caracas, apremiado por la falta de financiamiento externo y el vencimiento de deuda. Chávez ofrece comprar deuda argentina y empiezan así operaciones más o menos constantes de adquisición de bonos por parte del bolivariano, que entre 2004 y 2007 completan los u$s 4.800 millones entre Boden 2012, Boden 2015, Bonar 10 y Bonos del Sur. Para Cabed fue un buen negocio: la Argentina le pagó en dólares una tasa promedio del 10,5%, mucho más que cualquier operación internacional de la propia Venezuela. Sin embargo, especialmente en la primera etapa de los préstamos, cuando se completaron colocaciones hacia el país caribeño por u$s 2.250 millones, este financiamiento resultó crucial para que Néstor Kirchner pueda comenzar a caminar en los mercados tras el default de 2001. Luego de 2007, ya con la situación económica financiera estabilizada, Venezuela dejó de estar interesada en tomar deuda argentina.
El segundo capítulo es la importación de combustibles desde el estado caribeño, también producto de una crisis de abastecimiento, en este caso energético. El primer acuerdo para el envío de fueloil bolivariano comenzó en 2005, junto con un proyecto ya abandonado de desplegar el Gasoducto del Sur, que llevaría combustibles desde el Orinoco hasta el norte argentino. Lo que sí funcionó es un tratado de envíos de fueloil, que desde 2006 hasta este mismo año abastece la demanda local insatisfecha por la baja producción local, y que es comprada con un plan de pagos del 20% al contado y cuotas mensuales que son luego liquidadas en las tarifas a los usuarios, especialmente industriales. Cualquier otro proveedor, sobre todo en aquel 2005, le exigía a la Argentina el pago al contado en dólares, lo que le habría provocado al país una salida inmediata de al menos unos u$s 2.000 millones. Con el acuerdo con Chávez, la cifra se redujo a menos de u$s 500 millones. Igualmente el bolivariano se encarga de aplicar el precio internacional y siempre la Argentina liquidó sus compromisos, con lo que Venezuela no perdió dinero al no colocar ese combustible en el mercado internacional.
El tercer capítulo, el saldo en la balanza comercial, es en lo que la Argentina más se benefició con el chavismo. Durante la década del 90 y hasta 2004, el intercambio comercial entre los dos países era marginal y limitado. Desde 2003 hasta 2005, con los primeros acuerdos de apertura económica entre Chávez y Kirchner, comienza a aumentar lentamente la compra y venta de bienes hasta llegar a un intercambio total de u$s 1.800 millones en 2011, cifra que superaría los u$s 2.300 millones este año. El impulso aumentó en 2007 y luego en 2009, cuando los dos países firmaron un tratado comercial que posibilitó a los industriales argentinos acceder a las compras gubernamentales con preferencias sobre terceros países. El acuerdo les permite a empresas argentinas (nacionales o extranjeras) participar en sectores puntuales de licitaciones bolivarianas, en igualdad de condiciones que los oferentes locales. Cambió así el eje de la matriz exportadora hacia Venezuela, pasando de productos primarios y alimentos a automóviles y material de transporte, manufacturas de hierro y acero, maquinarias y material eléctrico, carnes elaboradas y productos farmacéuticos como principales envíos hacia el estado caribeño.
Exótico
Para este año, Venezuela pasaría de ser un destino exótico a convertirse en el séptimo mercado para las exportaciones argentinas, después de Brasil, China, Estados Unidos, Chile, España y Canadá. Superará en 2012, por ejemplo, a Alemania, los Países Bajos, Uruguay, India y Rusia, todos estados tradicionalmente más receptivos que el venezolano para los envíos argentinos.
Se supone que hacia adelante la situación mejorará, no sólo por la victoria chavista del domingo, sino por el ingreso de este país al Mercosur. Sólo con la eliminación, aunque paulatina, de las barreras para las exportaciones locales, proceso que demandará seis años, los industriales argentinos tendrían una potencialidad mayor frente a competidores de, por ejemplo, Colombia, México y Perú, habituales proveedores hacia Venezuela, al menos antes de la aparición de Cabed.
Hay reservado un cuarto capítulo sobre las ventajas que puede tener la Argentina con la continuidad de un Gobierno bolivariano: se espera que prospere la alianza entre PDVSA y la renacionalizada YPF, especialmente para aumentar rápidamente el nivel de producción de la petrolera local para abastecer el mercado interno. Según el Gobierno de Cristina de Kirchner, éste es el principal negocio bilateral hacia los próximos años.


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