Siempre dudamos del poder que tienen las noticias y en particular las palabras de los reguladores sobre los precios financieros. De todas formas no podemos dejar de sonreírnos ante los titulares que afirman que los comentarios del miércoles de Ben Bernanke habían calmado al mercado. Es que parece por lo menos arriesgado definir de "calma" una suba del 1,11% como la que tuvo ayer el Dow al cerrar en 15.460,92 puntos; en todo caso podríamos decir que "recalentó el mercado al ver que el Dow, S&P 500 (con 6 subas consecutivas), el Russell 2000 y el Wilshire 5000 marcaron nuevos máximos históricos. Lo irónico es que por más que en las últimas semanas los gobernadores de la Fed estén intentando minimizar sus dichos de mayo, cuando alertaron que la política expansiva del organismo está más cerca que lejos de su final, lo que se dijo y escribió dicho y escrito está. Por otro lado, el argumento de que prolongarían en el tiempo el "cierre del grifo" se asienta en que la situación laboral mejora en la medida de lo esperado (puntualmente, ayer crecieron los pedidos de seguro de desempleo), lo que refleja que la expansión de la economía sigue siendo tibia. Más allá de las proyecciones "macro" (de la Fed o el FMI), los propios balances -como mencionamos días atrás- apuntan en este mismo sentido. Es decir que el mercado está funcionando con este ramillete de "espadas de Damocles" sobre su cabeza y actúa como si transitáramos el mejor de los tiempos. Como venimos sosteniendo, esto puede ser "lógico". La rueda de ayer tuvo cierto tufillo a cobertura de posiciones vendidas (el desplome del dólar también ayudó), y fue liderada por Intel y Microsoft (es curioso que los dos grandes bancos que difunden hoy sus balances estuvieran entre lo que menos subió; los 30 integrantes del Dow quedaron en alza).
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