Agurain - "Adiós ETA, un honor". Un grafiti en una ruta en el País Vasco muestra resabios de apoyo a la organización separatista, que ayer anunció su disolución, un paso que muchas personas de todas maneras sienten que tardó en llegar.
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En los alrededores de la población de Agurain, pintadas y afiches a favor de que los presos de ETA sean acercados a sus familias en el País Vasco adornan paredes y columnas bajo un cielo lluvioso.
Pero en este pueblo de 5.000 personas, donde gobierna el partido nacionalista moderado PNV, el fin de décadas de plomo con atentados, secuestros y extorsiones de ETA en su campaña por la independencia del País Vasco y Navarra es recibido con agrado.
"Lo tomo como algo positivo", dijo Seve García de Vicuña, un jubilado de 69 años que confesó en un principio haber simpatizado con ETA, creada en 1959 durante la dictadura de Francisco Franco, que prohibió el uso público del lenguaje propio de la región, el vasco. Se fue desilusionando gradualmente y cambió de opinión tras años de violencia. En total, a ETA se le atribuyen al menos 829 muertos.
"Ha habido muchos muertos y mucho dolor", estimó Victoria Pérez Conde, una mujer de 69 años originaria de Burgos, en Castilla y León, región colindante con el País Vasco.
Se mudó a Agurain hace cuarenta años, siguiendo el trabajo de su marido, y recuerda vívidamente un momento en particular: el del asesinato en 1997 de Miguel Ángel Blanco, que conmocionó a España y generó masivas protestas, marcando un giro en la lucha contra ETA.
El concejal conservador de 29 años fue secuestrado y recibió dos disparos en la cabeza cuando expiró el ultimátum de 48 horas dado por la organización, que mantuvo en vilo al país entero.
"Yo estaba en la clínica ingresada y estábamos pendientes todos, y las enfermeras, a ver lo que decían", recordó Pérez Conde. "Y terminó mal. Y te duele".
La mujer cree que la disolución de ETA llegó muy tarde, al igual que Adolfo Olalde, dueño de una tienda de computadoras de 62 años en Agurain.
"De todas las organizaciones que se están disolviendo en todo Europa, era la última que faltaba", dijo.
Pero ahora que ETA anunció su disolución, Olalde cree que el Gobierno español debería también dar un paso y debe trasladar a los presos de ETA a cárceles cercanas al País Vasco.
"A las víctimas también hay que darles su reconocimiento, pero por parte de los dos lados", agregó.
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