De ahí que el "no" -por muy temporal que sea- de Rousseff a su par Barack Obama haya sido entonces más duro de lo diplomáticamente admitido por ambas partes, pese a que se rumoreara desde hacía tiempo en vista de la indignación de Brasilia con Washington por el escándalo de espionaje estadounidense develado por el informante Edward Snowden los pasados meses, y que afectó mucho a Brasil.
Para Michael Shifter, presidente de Diálogo Interamericano en Washington, ni siquiera el hecho de que Brasilia "pospusiera" en vez de cancelar el encuentro logra limar el impacto político del gesto. "Esto es un golpe a las relaciones entre Estados Unidos y Brasil, que habían estado en un camino más productivo desde que Dilma asumió el poder", dijo.
"Posponer la visita de Estado sólo alivia modestamente el efecto. El mensaje es claro y fuerte y sirve para medir la sensibilidad de Brasil sobre su espionaje", explicó.
Según el experto, el impacto diplomático del no brasileño va más allá además de las fronteras del gigante sudamericano. "Estratégicamente, Brasil y México son los países más importantes para Estados Unidos en América Latina, y Washington invirtió en la relación con Brasil. Así que la decisión, producto de intensas presiones en casa, supone un revés y tendrá algunas repercusiones en todo el hemisferio", consideró.
La Casa Blanca se apresuró ayer a subrayar que la decisión de "posponer" la cita fue tomada de mutuo acuerdo por Obama y Rousseff en una conversación telefónica que sostuvieron el lunes, algo que también indica el comunicado de Brasilia que reveló la decisión.
Con todo, ninguna parte ocultó la tensión que provocó la filtración sobre el espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) en Brasil.
Tanto Brasilia como Washington dejaron la puerta abierta a una futura recomposición de unas relaciones en la que ambos gobiernos invirtieron tantos esfuerzos los últimos años, pese a que no se fijó ninguna fecha concreta para recuperar la visita ahora aplazada.
Y es que según el director del Instituto Brasil del Centro Woodrow Wilson en Washington, Paulo Sotero, ambas partes tienen gran interés en mantener la relación pese a este impasse.
"Las razones que llevaron a Obama a invitar a Rousseff y a ella a aceptar, no desaparecieron, interesa a Estados Unidos y a Brasil una relación más cercana, más constructiva", aseguró.
"Dilma trabajó para reconstruir una relación con Estados Unidos que estaba totalmente destruida al final (de la presidencia de Luis Inácio) Lula da Silva", recordó en este sentido.
Para Shifter, el incidente sin embargo debería servir de recordatorio a Washington sobre la fragilidad de sus importantes relaciones con los que percibe como principales aliados en la región más próxima a sus fronteras.
"El daño no es ciertamente irreparable, pero crea una mayor desconfianza entre los dos gobiernos que llevará algún tiempo superar", advirtió.
| Agencia DPA |


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