31 de mayo 2016 - 00:00

Un goteo que horada más la escasa legitimidad del Gobierno

 Brasilia - Los audios del nuevo "hombre bomba" de Brasilia, Sérgio Machado, expresidente de Transpetro, revelan el factor psicológico que hoy mueve a la clase política en la capital de Brasil. Prácticamente todos los actores relevantes muestran hoy una preocupación central: preservar el propio cuello y para salvar el suyo, Machado trató de comprometer, en las grabaciones que comenzaron a filtrarse en los últimos días, a sus padrinos del PMDB y también a políticos opositores.

De todos lo blancos, el más explícito fue el del senador y ministro destituido Romero Jucá, quien habló de la necesidad de "frenar la sangría", refiriéndose claramente a la operación "Lava Jato".

Su discurso fortalece la tesis de que la suspendida presidenta Dilma Rousseff cayó porque no logró ofrecer protección a la oligarquía política que manda en el país.

El punto es que, tras los audios de Machado, el presidente interino Michel Temer, incluso aunque quiera, tendrá poco margen de maniobra para "frenar esta sangría".

El escenario de incertidumbre, a dos meses del inicio de los Juegos Olímpicos Río 2016, amplía la crisis política y mantiene la parálisis de la economía. Como Temer aún es interino, reformas estructurales, como la de la seguridad social, ya fueron postergadas. Y como ahora las grabaciones alcanzan al PMDB, Dilma y sus aliados aún intentan revertir votos en el Senado, alegando que hubo un desvío de finalidad en el proceso de impeachment.

Tras la votación del 12 de mayo en el Senado, Brasil no se estabilizó y nada indica que el terremoto esté cerca de terminar. En este ambiente incierto, vuelve a ganar cuerpo la idea de que sólo nuevas elecciones pondrían al país de nuevo en su eje.

Pero de nada sirve pensar en nuevas elecciones si, antes, no hay un pacto político sobre el nuevo modelo de gobernabilidad.

El presidencialismo de coalición, en el que el Ejecutivo es extorsionado por el Legislativo a cambio de apoyo parlamentario, implosionó.

Mientras prácticamente todos los políticos piensan apenas en su salvación individual, Brasil se desmorona y corre el riesgo de llegar al que sería su gran evento, los Juegos Olímpicos, en una vergonzosa convulsión social.

Agencia Brasil247

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