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Un grito de corazón
El festejo enloquecido de toda la Selección y en particular del héroe Sergio Romero. La Selección le ganó por penales a Holanda, en un partido muy cerrado y parejo. Se sufrió hasta el último minuto, pero se ganó con justicia. El domingo juega la final a las 16.00 ante Alemania en el Maracaná de Río de Janeiro. La jugada que pudo cambiar el partido. Faltaban tres minutos y la pelota le quedó a Rodrigo Palacio.
La Selección vuelve a una final, después de 24 años, con el mismo rival de las dos últimas finales: Alemania, al que se le ganó una vez y se perdió otra. En total es la quinta vez que Argentina juega la final del mundo, ya que también lo hizo en 1930, perdiendo con Uruguay, y en 1978, ganándole a Holanda.
Un equipo que debió adaptarse a las circunstancias por las lesiones primero de Sergio Agüero y después de Ángel Di María y que no contó nunca con los "cuatro fantásticos" en plenitud, pero que fue de menor a mayor en todo el torneo y ayer jugó un partido casi perfecto en lo táctico, que pudo haber ganado en los 90 y en los 120 minutos, porque las únicas situaciones claras las tuvo Argentina.
La preocupación de la Selección era la habilidad en velocidad de Arjen Robben, por eso le redoblaron la marca en todos los sectores; por el otro lado lo mismo pasaba con Lionel Messi y los holandeses no lo descuidaron nunca, marcándolo hasta con tres jugadores.
Por eso el partido no tuvo demasiado vuelo futbolístico, no hubo casi lujos, salvo un túnel de Marcos Rojo a Robben y muy poco más.
Los dos trataron de no cometer errores y entregar la pelota con seguridad, porque entendían que un error podía ser fatal, que el que se equivocaba perdía y como no se equivocó ninguno de los dos el partido terminó en un equitativo empate sin goles.
En los primeros minutos manejó más la pelota Holanda, desde el despliegue de Sneijder y De Jong, pero hasta tres cuartos de cancha, después mejoró Argentina, a partir del corazón de Javier Mascherano y la ubicuidad de Lucas Biglia y que tuvo en Enzo Pérez a un motor que siempre arrancó con la pelota, con habilidad y talento para tocar al mejor ubicado. Argentina encontró en su derecha una franja para atacar a Holanda donde Martins Indi daba ventajas que entre Zabaleta, Enzo Pérez y a veces Lavezzi aprovechaban. Tanto que Van Gaal lo sacó en el entretiempo y cambió el esquema defensivo, bajando a Blind y poniendo a Kuyt delante para obturar la zona.
Holanda no encontraba la forma de superar a una defensa segura, donde Demichelis y Rojo se volvieron a destacar por su concentración en la marca. En el suplementario tuvo más resto Argentina, que lo pudo definir con un cabezazo de Palacio, que terminó en las manos de Cillessen y un remate débil de "Maxi" Rodríguez, pero el destino hizo que el partido fuera a los penales y allí Argentina mostró toda su mística y un arquero de la escuela de Goycochea. Sergio Romero esta vez fue el héroe, pero la Selección toda merecía esta final.


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