La suba de los últimos meses ha sido vendida como algo excepcional, tanto por su duración como por su magnitud. Sin embargo, no nos hace falta ir muy atrás (enero de 2007) para encontrar una seguidilla de ocho meses consecutivos en suba, claro que con un acumulado mucho más modesto del 13,73%. Más notables fueron los nueve meses consecutivos de suba que hicieron trepar un 53,54% al S&P 500 al mes de abril de 1983. Desde 1871, tuvimos seis períodos de siete meses con subas mayores que la vencieron en setiembre, siendo la más notable el 69,28% acumulado a setiembre de 1933. Podemos mencionar también que en los últimos 10 años el Dow perdió un 9,47% (¡el S&P 500 perdió un 24%!), mientras los precios minoristas treparon un 28,7%. Con esto no menospreciamos lo ocurrido desde marzo, sino que buscamos darle su justa dimensión. De la misma manera, pero en un sentido opuesto, deberíamos apreciar el 2,51% que retrocedió el Dow durante en última rueda (quedó en 9.712,73 puntos) que dio como resultado la mayor baja semanal desde el 19 de junio y redujo lo ganado en octubre a un insignificante 0,005% (el S&P 500 perdió un 1,98%, el NASDAQ un 3,64% y el Russell 2000 un 6,87%).
Ningún hecho puntual -más allá de a) los problemas en el sistema de cómputos del NYSE demorando el registro de operaciones a la baja que se actualizaron de golpe, o b) el cierre de siete bancos- justificó el derrumbe del viernes, especialmente luego de los auspiciosos datos del PBI, ni la baja en el gasto de los consumidores, etcétera. Sin embargo, el dólar avanzó un 0,6%, los commodities retrocedieron un 2,1%, el VIX pegó el mayor salto del año, etcétera.
Puede ser que haya terminado el ajuste de carteras institucionales y la cosa sea más tranquila esta semana o, por el contrario, que sigamos bailando al son de la Fed, el reporte del empleo y algún que otro imponderable. Cuidado.
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