8 de octubre 2013 - 00:00

Un Ibsen vital, que se trasladó a la platea

La versión de “Un enemigo del pueblo” fue tan actual que, con la participación del público, el director del FIBA pasó un momento de zozobra.
La versión de “Un enemigo del pueblo” fue tan actual que, con la participación del público, el director del FIBA pasó un momento de zozobra.
La versión de "Un enemigo del pueblo" que presentó el director alemán Thomas Ostermeier, en el marco del FIBA, demostró que el teatro político puede incitar a la reflexión crítica sin dejar de ser ameno, vital y lúdico. "Estoy más cerca del espíritu de Ibsen y del verdadero sentido de la obra que aquellos que suelen llevarla a escena con vestuario de época", declaró el director de la afamada compañía Schabühne. Y no se equivoca. Desde el primer cuadro (el ensayo de una banda de músicos) hasta la última imagen del espectáculo, donde el intachable héroe ibseniano deja de serlo y duda ante una "ayuda" económica que acabaría con sus problemas (y con sus ideales altruistas), la puesta de Ostermeier expone el conflicto ético de la pieza con dinamismo, frescura y urgencia.

El doctor Stockman, ahora más joven y rockero, descubre que los residuos de una fábrica han contaminado las aguas del moderno balneario de la ciudad. Pero cuando intenta denunciarlo queda perplejo ante la oposición del alcalde (su hermano), la prensa local (integrada por varios amigos suyos) y finalmente la de toda la población que teme perder esta fuente de ingresos en la que no quiere invertir más dinero. En la escena de la asamblea, punto cumbre del drama, el médico defiende su posición antes el pueblo, pero su discurso se aleja un poco de Ibsen para instalarse de lleno en la actualidad, entre los aplausos y vítores del público.

Se trata de un apasionado alegato con fragmentos del libro de autor anónimo "L'insurrection que vient", que habla de un mundo dominado por falsas premisas económicas y que revisa la compleja dinámica de la democracia siempre tironeada por los intereses económicos, la demagogia de los políticos, el poder de los medios de comunicación y la resistencia de la mayoría ante los cambios y verdades que incomodan. En este tramo del espectáculo se invita a la platea a dar su opinión.

En la noche de estreno, el público respondió enardecido con reclamos sobre distintos temas, desde la polución del Riachuelo y la Ley de medios hasta los recortes del Gobierno de la Ciudad en educación y cultura. Varios espectadores salieron a la palestra, incluido el músico Diego Frenkel; mientras otros pedían el testimonio de Darío Lopérfido, ex funcionario del gobierno De la Rua. En medio de una silbatina, el actual director artístico del FIBA aclaró que ya no pertenecía a la clase política y se distanció de las acusaciones con una lógica rotunda: "Estoy claramente a favor del Dr. Stockman, por eso decidí traer este espectáculo. Yo lo elegí. Como por arte de magia la cuarta pared volvió a separar el escenario de la platea, y el espectáculo retomó su cauce con asombrosa naturalidad.

A diferencia del "Hamlet" que presentó en el FIBA de 2011, esta vez el director no se dejó tentar por humoradas que no llevan a ninguna parte. Su impecable dramaturgia dio cuenta del carácter discontinuo, caótico y fragmentado de la realidad sin que la narración perdiera unidad ni progresión dramática. La música en vivo, las constantes intervenciones en la caja escenográfica y el humor y desparpajo de los actores convirtieron las dos horas y media de espectáculo en un espacio de disfrute y reflexión.

"Un enemigo del pueblo" de H.Ibsen. Versión y Dir.: T. Ostermeier. Int.: Compañía Schabühne am Lehniner Platz. TGSM (Próximas funciones: martes 8 y miércoles 9 de octubre).

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