Ahora será el nuevo presidente, Hasán Rohaní, un clérigo moderado y apodado el "jeque de la esperanza", quien deba abordar los dos principales problemas del país, la crisis y el aislamiento.
Desde el primer día, Rohani dejó claro que no seguirá los pasos de Ahmadineyad y que perseguirá otros fines con una política más moderada. Prometió a los ciudadanos "una vida estable en dignidad y libertad" y a Occidente "una cooperación constructiva". Su objetivo, "mostrar al mundo el verdadero rostro de Irán".
El político, de 64 años, llamó a colaborar en el futuro del país a todos los ciudadanos, más allá de sus diferencias políticas. Su problema es la constelación política de Irán: según la Constitución, no es el presidente el que tiene la última palabra en las cuestiones políticas, sino el máximo líder, el ayalotá Alí Jameneí. Y a él se suman el influyente clero y los poderosos Guardianes de la Revolución, que también tienen mucho poder, además del ala ultraconservadora, que aún no ha digerido la derrota en las urnas de junio y que espera que Rohaní cometa pronto algún desliz. "Hay tabúes y líneas rojas que Rohaní no puede atravesar ni siquiera como presidente", señaló un periodista iraní.
"Si el régimen no apoya sus reformas a largo plazo, Rohani se convertirá pronto en presidente y líder de la oposición a la vez", dijo con sarcasmo un politólogo en Teherán.
La crisis económica y el aislamiento de Irán están directamente relacionados con la disputa por el programa atómico. El aislamiento se mantendrá hasta que el país demuestre, mediante la colaboración internacional, que no está tratando de conseguir una bomba atómica.
Las sanciones internacionales y, sobre todo, el embargo petrolero son las causas de que la economía esté paralizada. La moneda nacional ha perdido la mitad de su valor.
Rohaní lo sabe. "Hay muchas cosas que dependen de negociaciones racionales en el conflicto atómico", declaró. Cuenta con mucha experiencia al respecto, pues hace diez años él fue el negociador jefe con Occidente en el tema nuclear y durante su mandato hubo tensiones, pero nunca un enfrentamiento como el actual, ni sanciones tan duras.
Mohamed Javad Zarif podría jugar ahora un papel clave si se convierte, como se especula, en ministro de Relaciones Exteriores. Politólogo y jurista graduado en Estados Unidos, fue embajador ante la ONU en Nueva York.
Se espera que pueda poner en marcha las negociaciones nucleares y quizás también que consiga otro hito: reanudar las relaciones con Estados Unidos tras más de treinta años. "De sus tiempos en Nueva York seguro que tiene los contactos adecuados", comentó un diplomático extranjero en Teherán.
En cambio, en lo que respecta al conflicto de Oriente Medio, no habrá modificaciones sustanciales con Rohaní, "porque sobre Israel hay acuerdo ideológico en todo el establishment", señaló el profesor universitario Mohamed Yawad Randshkesh.
El no reconocimiento de Israel y la enemistad hacia el Estado judío forman parte de la doctrina intangible del régimen. Y lo mismo vale para el conflicto de Siria. A lo sumo, Rohaní cambiará la retórica y será más cauto que su antecesor Ahmadineyad, que generó indignación internacional al decir que Israel debería ser borrado del mapa y asegurar que el Holocausto era una mentira.
| Agencia DPA |

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