Arranca hoy la última semana completa del año. A lo largo de las próximas cinco ruedas conoceremos indicadores económicos de todo tipo, desde la estimación definitiva del crecimiento del PBI del tercer trimestre hasta algunos valores sobre la situación inmobiliaria, sentimiento de los consumidores, actividad manufacturera de algunas regiones, etc. En general los números que se esperan repiten la cantilena de los últimos meses, esto es crecimiento, pero un crecimiento leve que está lejos de cualquier euforia. A esto debemos agregar las empantanadas (al menos hasta ahora) charlas entre demócratas y republicanos para evitar que se disparen los recortes de gastos y subas de impuestos automáticos (el «precipicio fiscal») que se acordaron la última vez que no pudieron acordar lo que deberían acordar ahora (esto es: recortes de gastos y subas de impuestos; claro que no serían todos los mismos que se dispararían a partir del 1 de enero). A primera vista el panorama de cortísimo plazo no parece ser de lo mejor. Si miramos hacia atrás el panorama no es demasiado distinto: de la mano del 0,27 por ciento que perdió el viernes al cerrar en 13.135,01 puntos, el Dow cede el 0,2% en la semana (el NASDAQ, golpeado por Apple -su ultimo teléfono no fue muy bien recibido en China-, cae casi lo mismo, el S&P500 bajó el 0,3% y el Russell 2000 fue el único de los grandes indicadores accionarios ganador al trepar un 0,2%), a pesar del último plan de estímulo que anunció la Fed. Tradicionalmente, el lapso que va de aquí al último día del año suele ser de relativa calma (normalmente alcista) para el mercado bursátil. No sabemos qué es lo que va a pasar estos días, pero lo cierto es que, si bien Wall Street está aparentando calma, esto no va más allá de las apariencias.
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