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Un recuerdo desde el tango
Uno de los protagonistas de ese fenómeno fue Alejando Romay, tucumano nacido en un hogar humilde y prolífico, dueño de una tremenda tenacidad, y que se graduó en su provincia natal de técnico en agricultura y sacarotecnia. Dotado de una condición trashumante y aventurera, recaló en Buenos Aires para trabajar como locutor en Radio El Mundo, de la que al tiempo fue despedido al negarse a usar luto por la muerte de Eva Perón. Incorporado a las huestes opositoras, trabajó junto con Arturo García Buhr y otros en la producción de la "Marcha de la libertad". Transcurridos los años tomó conciencia de que debía modificar su modo de actuar en procura de consenso entre las fuerzas en pugna, y entrevistó al general Perón en su residencia de Madrid a pedido del "Cholo" Peco (su sponsor de los inicios), al igual que muchos otros políticos que se acercaron al líder, como "Johnson" Rawson Paz.
Lo cierto que esos vínculos, y su carrera de productor independiente, dotado de una gran capacidad publicitaria, le permitieron acceder a la titularidad de Radio Libertad (por él así bautizada en sustitución de Radio Callao) con el apoyo económico de Ángel "Cholo" Peco y su gremio de canillitas, y también de los empresarios Héctor Pérez Pícaro, José Scioli, don Humberto Gerola, y del mundo artístico Roberto Rufino, "la voz dramática del tango", cantor y autor de "Soñemos" y "Tabaco rubio" entre otras.
Alquilaron el subsuelo de la Galeria Guemes, frente al "vodevil" y teatro de revistas, en un espacio emblemático para el tango el "Abdullah Club" con su célebre pista vidriada e iluminada desde abajo para lucimiento de los bailarines al compas de la orquesta de Juan Carlos Cobián. Circundado por tres pisos con balcones de hierro forjado, donde los señores de la época recibían a sus invitados; con los baldes heladísimos provistos de "Veuve Clicquot", se pobló con Romay de público que asistía a sus bailables o en Navidad y fin de año a las cenas abiertas que ofrecía a quien quisiera compartir, mientras conducia la audición. Me veo como entonces, sentado allí, frente a los grandes micrófonos con el emblema de la radio frente a Armando Guerrico, vocalista de la línea "Hector Pacheco style", con Fulvio Salamanca recitando los versos de Don Alejandro en "Todo es amor" y luego Roberto Rufino cantando el vals "Lita" dedicado a su esposa y compañera de toda una vida.
Su carrera, de enorme trascendencia y que se prolongó en Canal 9, el ámbito teatral reconoce éxitos como los almuerzos de Mirtha Legrand, aún vigentes, o la remodelación del Teatro Nacional, un ícono de la noche porteña. Tuve el honor de acompañarlo como Académicos Titulares fundadores en la Academia Nacional del Tango. Nada mejor que despedirlo con la frase de un vals muy querido por él: "Lita,bailemos este vals, mira la vida se nos va...". Como ahora la vida de él, pero que quedará por siempre en el corazon de los porteños.

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