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Un triunfo que despierta la ilusión
La imagen de Diego Maradona durante el cotejo en el Allianz Arena. «Ganamos un partido de cuartos de final de Mundial», textual del 10.
Alemania es sinónimo de primer nivel mundial, por la historia, pero poco ha mostrado de su pergaminos en la noche de Munich. En los primeros 45 tuvo a Verón cerca de Mascherano, pero en su versión lanzador, haciéndose poco amigo del toque corto, pero sí como eje de cada intervención ofensiva del equipo y obligando a Ballack, capitán germano, a estar más preocupado por anularlo que por crear para su equipo. Argentina mostró solidez en dos nombres que dan imagen de garantía como Martín Demichelis y Walter Samuel que así como tuvieron aciertos pagaron
muchas veces los errores de
coordinación a la hora de defenderse. Un punto preocupante: ambos terminaron viendo la tarjeta amarilla en la primera mitad y es una alarma tener esa tendencia para una Copa del Mundo. Otro ítem donde Diego gana en tranquilidad es en el arco. Sergio Romero no permite ni analizar que tiene solamente 23 años recién cumplidos, cada intervención suya es con solidez, con seguridad, sobre todo en cada pelota aérea donde participa el arquero surgido en Racing. Varios puntos positivos de Argentina que entusiasman cuando faltan sólo un par de meses para el Mundial, pero indudablemente, hoy el plantel tiene un jugador que ha crecido hasta niveles insospechados con la camiseta nacional. Ángel Di María ha tenido una actuación brillante, de ésas que no dan margen de duda a la hora de conformar los once en cada uno de los equipos de los 40 millones de seleccionadores que tiene nuestro país. Atrevido, veloz, incisivo, hábil, inteligente y marcado para intervenciones trascendentes, como la de ayer para asistir a Higuaín y dejarlo con todo el campo por delante para el goleador del Real Madrid. Hoy Di María es figura con la camiseta de Benfica portugués y nadie sabe con qué colores se lo verá la próxima temporada, pero lo concreto es que será un jugador importante en el andarivel izquierdo argentino en Sudáfrica.
La segunda mitad, como era de esperar, mostró a los alemanes con mejorías, sobre todo desde el ingreso de Cacau, que exigió a Romero a una tapada fenomenal y obligó a defender la diferencia de un gol con uñas y dientes, con la solidez de una defensa granítica a pesar de que por momentos lo hizo demasiado cerca de la propia valla. Lo de Messi fue correcto, a veces un poco lejos del área germana, incansable lo de Jonás por derecha y contundente el análisis que se debe hacer de Gonzalo Higuaín. Tuvo poca participación, no lo hizo por un largo rato del circuito ofensivo del equipo, pero cuando tuvo una, definió como un goleador de equipo grande (Real Madrid y Selección Argentina, ni más ni menos), aguantó la marca, gambeteó al arquero y se fue festejando sabiendo que la tapa de los diarios lo esperaban para la foto más destacada del día. Argentina ganó un partido amistoso, nada más, pero como bien lo dijo Maradona cuando asumió hace 16 meses atrás, no hay compromisos de menor o mayor envergadura, es la camiseta celeste y blanca. Si le agregamos que fue en Alemania, ante los locales y a 99 días del puntapié inicial del Mundial, demos rienda suelta a la ilusión, tenemos con qué, somos Argentina.


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