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Una conmovedora marea humana volcó sus sueños a las calles
Barack y Michelle Obama recorrieron ante una multitud fervorosa las calles de Washington.
Nada podía detener la celebración de una marea de trabajadores, militantes, familias enteras. Ancianos, religiosos, inmigrantes, intelectuales, todas las clasificaciones posibles. Una multitud impactante de dos millones de personas, nunca vista en esta ciudad. Algunos de ellos se mostraban maravillados por el marco, los monumentos y los edificios. Acaso haya sido la primera vez en Washington para muchos. Los negros dijeron presente. Había miradas nostálgicas, otras alegres, cómplices y esperanzadas.
A quinientos metros del monumento a George Washington, entre el Parlamento y el Lincoln Memorial que enmarcan estos parques, Ámbito Financiero recogió las opiniones de los más esperanzados entre los esperanzados.
Compromiso
«Obama ha logrado un gran impacto en todos. Pero la gente tiene que comprometerse con la idea del cambio», advirtió la joven Ariana Natake, una científica social afroamericana que nació en esta ciudad y vive en Atlanta.
A su lado, la toma de la mano su pareja y colega Kirk Henny, quien respondió si cree que el racismo sigue siendo un problema en Estados Unidos. «Por supuesto, el racismo es un problema, está institucionalizado en el sistema. Obama es el símbolo de un progreso, pero necesitamos hacer muchos cambios que aún están pendientes», indicó. Para Kirk, el nuevo presidente «simboliza un gran paso, no sólo para los afroamericanos, sino para superar estos ocho años (de George Bush). Es el hombre correcto para el momento correcto».
Instantes antes, Aretha Franklin había entonado las estrofas de «My country, this is of thee», «una dulce canción de libertad», dice su letra. La bandera flameaba en las decenas de pantallas gigantes que permitían seguir la ceremonia a la mayoría, que apenas divisaba, a lo lejos, el contorno del Capitolio.
Rudy Guzmán emprendió un largo camino hace tres años. Dejó el pueblo de Tarata, en Cochabamba, Bolivia, para instalarse en Arlington, Virginia. Su expectativa es que Obama mejore la economía, porque debido a la crisis «bajaron los trabajos. Veníamos bien, pero ahora ya no».
¿Y cómo se llevarán Evo Morales y Barack, a quienes algunos comparan? «Espero que Evo no se meta en problemas con otros países. Me gusta, sé que hace cosas buenas, pero quisiera que se dedicara más a Bolivia. También aprecio lo que hace Hugo Chávez por los bolivianos», dijo Rudy.
«Es imposible que tengamos un dictador ahí puesto porque él quiere, porque maneja todo el aparato judicial. Chávez nunca se podrá llevar bien con Obama», respondió en las escalinatas del Lincoln Memorial Antonieta Bertez, una analista de sistemas que hace 31 años vive en Estados Unidos, un país del que se siente tan parte como para llevar una banderita en la mano. ¿Y Bush?: «Sin palabras».
Cuando las cámaras enfocaban al republicano que estaba por partir a Texas, apenas se escuchaba algún silbido. El pastor evangélico conservador Rick Warren, cuya presencia pronunciando el mensaje religioso indigestó a los demócratas liberales cuando se enteraron que había sido elegido por Obama, tampoco encendió reacciones.
Anita, negra y con hábitos religiosos, llegó al distrito federal desde Atlanta. Siente orgullo como afroamericana, pero más por el hecho de que «un hombre cristiano lidere el mundo».
Dado que Bush ahora genera sólo desaprobación en la gran mayoría, ¿cómo es posible que haya sido reelecto en 2004, y que alcanzara en su momento una popularidad más alta que la que ahora goza Obama? «No tengo idea por qué pasó. No tuvo sentido, estoy infeliz con estos ocho años. Quizás John Kerry no fue tan fuerte como habría sido Al Gore», argumentó David Stean, un ingeniero en sistemas que vino desde Boston.
Ariana, la que estaba con su novio Kirk, analizó que Bush «hizo campaña para el hombre medio, con un lenguaje sencillo que los estadounidenses comunes usan».
Obama cerró su discurso. Muchos emprendieron la retirada. Para algunos fue el final
de una serie de actos que incluyó megarreci-tales, oficios religiosos y fiestas. Otros, en cambio, partían para tratar de ver a Obama
en el tradicional traslado entre la intersección de Constitution y Pennsylvania y la Casa Blanca, ritual que fue inaugurado por James Madison en 1809.


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