En estas horas, el Gobierno notificará a los «propietarios» para que hagan entrega «inmediata» del inmueble a pesar de que el Decreto 2.552 no estipula plazos para tomar el control. Prefiere, de hecho, la figura de tiempo «prudencial», tal vez preparado para una contraofensiva.
Por el mismo motivo, anoche tampoco había certezas en Casa Rosada respecto de qué uso le dará el Estado al predio en el futuro. En rigor, el Gobierno entrevé que se avecina una batalla en los tribunales que podría estirarse durante varios meses.
De mínima, haya o no resistencia a la entrega, será inevitable una disputa judicial por una razón simple: el Gobierno no expropió la Rural, sino que la «restituyó», por lo cual no contempla, a priori, un pago para sus actuales dueños.
Sin embargo, hay un atajo. Como desde el 91 hasta la fecha los propietarios hicieron inversiones, que en la SRA estiman en u$s 100 millones, se habilitó la instancia de «posibles compensaciones», aunque, a la vez, también calcularán el usufructo del predio durante dos décadas.
El jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, fue el encargado de anunciar la medida justo antes de que la Presidente se embarque con destino a Santa Cruz, donde pasará, en familia, Nochebuena y Navidad. Su regreso está pautado para el atardecer del 25.
La figura que ayer usó el Gobierno fue otra. Decidió anular la venta dispuesta por Menem y Domingo Cavallo y, como efecto dominó, invalidar las operaciones posteriores (ver aparte). El trámite se accionará desde la Agencia de Administración de Bienes del Estado, creada en agosto pasado.
Alberto Vulcano, nombrado por Cristina al frente del organismo, será el encargado de aplicar el decreto. «La decisión forma parte de una política para darles uso racional a los bienes del Estado», explicó ayer el funcionario.
La matriz política tiene su origen en el Plan Procrear -diseñado por Axel Kicillof y en el que colaboró Vulcano-, una de cuyas terminales dispone «recuperar» los bienes que administraba la ex ONABE para darle destino específico, en muchos casos para construir viviendas.
Se entrevera, además, el factor callejero e ideológico: el kirchnerismo celebró el anuncio como la conquista simbólica de un territorio hostil, como un eco de la guerra gaucha que se desató con la Resolución 125. Sin embargo, en lo formal, el Gobierno prefirió cabalgar sobre dos acciones puntuales:


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