1 de julio 2010 - 00:00

¿Una crisis de deuda soberana en Estados Unidos?

Poscumbre G-20, la atención de los inversores sigue concentrada en los problemas de Europa: fundamentalmente cómo y cuándo se hará la reestructuración inevitable de la deuda griega y cómo se resolverá la situación de España sin una reestructuración. Pero en este lado del Atlántico se vislumbra una crisis de deuda soberana que aunque de menor magnitud no deja de ser preocupante. Esta vez no es en América Latina sino en Estados Unidos. Pero no a nivel federal sino a nivel estadual. California es el caso más emblemático de esta crisis. En términos de su PBI es la octava economía del planeta y además base de operaciones de las principales empresas del sector tecnológico, el más dinámico de la economía norteamericana. El problema es que California enfrenta un déficit fiscal de casi 18.000 millones de dólares este año y el doble para el año que viene. Además la economía californiana exhibe tasas de desempleo del 12,4%.

A pesar de este panorama tan poco alentador, las agencias calificadoras de riesgo y el mercado de bonos todavía consideran a California como un riesgo más tolerable que el de Grecia. Mientras que el «sunshine state» con un rating A- sigue firme en la categoría investment grade, con su recientemente adquirido BB- la República Helénica ya es un riesgo basura (junk). Según datos de CMA, la probabilidad de default implícita en las primas de los crédit default swaps (CDS) de Grecia es del 55%, el doble que la de California (la de la Argentina es del 47%). Su gobernador, Arnold Schwarzenegger, ha anunciado un ajuste brutal para cerrar la creciente brecha fiscal. Sin embargo, muchos inversores, entre ellos el legendario Warren Buffet, consideran que California en algún momento va a entrar en cesación de pagos a menos que reciba asistencia financiera del Gobierno federal. Si esto ocurre, seguramente el rescate deberá extenderse a otros estados con problemas fiscales, lo cual pondría una enorme presión sobre el presupuesto de Estados Unidos (recordemos que ya enfrenta un déficit fiscal superior al 10% de su PBI).

Menos recaudación

Según un estudio reciente, 34 estados sufrieron una caída en su recaudación impositiva durante el primer trimestre de este año. Además, hay 46 estados (sobre un total de cincuenta) que enfrentan déficits fiscales cuyo monto total ascenderá a 112.000 millones en 2011. Hay que resaltar que el gasto público estadual representa un 12% del PBI de todo Estados Unidos por lo que los programas de ajuste inevitablemente repercutirán sobre el resto de la economía. La precaria situación fiscal de California y de muchos otros estados como Nueva Jersey y Nueva York se ha complicado por la negativa del Congreso a extender los planes de estímulo y subsidios para afrontar los gastos de asistencia social a nivel estadual y municipal.

Aunque todavía no se puede hablar de una crisis, las señales son preocupantes. No sería la primera vez que las finanzas estaduales provoquen una crisis de deuda soberana en Estados Unidos. De hecho, la primera tuvo lugar a mediados del siglo XIX. Ambas crisis tienen algo en común, ya que ambas fueron consecuencia del estallido de una burbuja especulativa en el sector inmobiliario. Entre 1815 y 1837 varios estados de la Unión (equivalentes a nuestras provincias) financiaron un ambicioso programa de obras públicas mediante la emisión de bonos en el mercado londinense. Durante este período el crecimiento económico y demográfico fue fenomenal así como también la apreciación de la tierra, lo que provocó una burbuja especulativa que estalló en 1837. El pánico bancario resultante empujó a la economía norteamericana a una profunda recesión. Pocos años después de esta crisis, entre 1841 y 1842, los estados de Arkansas, Illinois, Indiana, Luisiana, Maryland, Michigan, Misisipi y Pennsylvania y el territorio de Florida dejaron de pagar su deuda pública (California todavía no formaba parte de Estados Unidos). Otros tres estados (entre ellos el de Nueva York) apenas lograron evitar el default. De los ocho estados que entraron en cesación de pagos, cinco repudiaron total o parcialmente su deuda. Indudablemente ésta fue una de las primeras crisis de deuda soberana en mercados emergentes, precursora de otras al sur del Río Grande. Como consecuencia de ella, la credibilidad y la reputación del Gobierno federal, que desde 1790 nunca había dejado de pagar su deuda, se vieron seriamente comprometidas, al menos por unos años. Tal fue la magnitud de la crisis que cuando Domingo Sarmiento llegó a Estados Unidos en 1847 todavía era tema de discusión. Tanto el endeudamiento de los estados como su posterior repudio provocaron análisis del ilustre sanjuanino.

«Cuando el especulador es un Estado, el pícaro se presenta más desfachatado. El Estado toma capitales en Inglaterra para abrir caminos de hierro, los obtiene y realiza su empresa; pero como es un Estado naciente del Oeste, donde la población y la riqueza no son grandes, los peajes no producen por largos años el interés del dinero. El Estado deudor promete, aplaza de hoy a mañana el pago sinceramente; miente, en seguida, por necesidad; se enfada de que le estén cobrando, y últimamente, un día amanece de mal humor, pone a la puerta al acreedor inoportuno y le declara a sus propias barbas y a la faz de todo el mundo que repudia la deuda, es decir, que no paga. ¿Demandarlo? ¿Ante quién? He aquí el primer pícaro que se presenta al mundo que no conoce juez en la Tierra: el pueblo soberano.

Cambio

El presidente, el Congreso, el juez supremo (la Corte Suprema) nada pueden contra esta clase de bellacos. El Gobierno mismo del Estado nada puede, ni la clase culta y por tanto, con vergüenza, porque emanando el poder del voto de la muchedumbre ignorante y bribona, no acepta esta contribución nueva para pagar la deuda contraída. Así se han conducido Misisipi, Illinois, Indiana, Michigan, Arkansas y algunos otros más. Pero las circunstancias empiezan a cambiar, felizmente; la prosperidad se desarrolla rápidamente. ¿No convendría to repeal (repudiar) la repudiación? ¿Al menos reconsiderar el asunto, arbitrar medios, etc? El pueblo soberano oye ya sin enojarse. Al día siguiente le insinúan ideas de honor, sentimientos de generosidad, hasta que al fin la opinión pública se forma, la reprobación exitada afuera halla ecos en el Estado, un sentimiento de vergüenza apunta en los semblantes; voces enérgicas se levantan en la minoría del Congreso, el movimiento se generaliza y el Estado criminal vuelve sobre sus pasos, entabla negociaciones con los banqueros defraudados y concluye por reconocer por legítima la deuda del capital, y ofrece un 60% de los intereses».

Teniendo en cuenta que el Gobierno de Estados Unidos ha rescatado a General Motors, AIG y al sector bancario sería difícil que se negara a rescatar a aquellos estados que hoy enfrentan problemas financieros. Esto hace improbable un default generalizado como el de aquella época. Sin embargo, las observaciones de Sarmiento siguen teniendo resonancia.

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