24 de junio 2011 - 00:00

Una decisión salomónica (y una fila de críticos)

Washington - Casi diez años después del inicio de la guerra de Afganistán, Barack Obama pone en marcha la retirada de tropas en un difícil juego de equilibrios. «La marea de la guerra remite», anunció el presidente estadounidense el miércoles. Antes de fines de septiembre de 2012 quiere enviar a casa a 30.000 soldados desplegados en Afganistán y de ellos 10.000 se marcharán este año. De esta forma Obama eligió el camino intermedio.

Probablemente decepcionó con su plan a los que están más hartos de la guerra en su partido, que pedían una retirada a mayor escala y más rápida. Pero por otra parte no cedió al deseo de sus generales, que proponían reducir lo mínimo posible durante los dos próximos años la presencia de las tropas en el país.

De ello nació un plan que se aplica por fases y que, según estima el mandatario, puede ser aceptable para ambas partes y para él mismo también. El Presidente habló en horario de máxima audiencia televisiva, lo que ya en sí es indicativo: sabe lo mucho que hay en juego. La campaña electoral para 2012 ya ha comenzado y en los últimos meses la presión sobre el Presidente, tanto desde la izquierda como desde la derecha, ha ido creciendo para que acelere la prometida retirada de tropas.

En vista de la enorme deuda pública de casi 15 billones de dólares en el Congreso ya se lucha por medidas drásticas de ahorro y a los republicanos no les duele aplicar la tijera en los programas sociales. La economía no termina de despegar y justo el miércoles, el mismo día del discurso, la Reserva Federal volvió a ajustar a la baja las ya moderadas expectativas de crecimiento.

Tras casi diez años de guerra en Afganistán y más de 1.500 muertos tan sólo entre las filas estadounidenses, gran parte de los pacientes y sufridos estadounidenses sencillamente ya tienen bastante.

En un acto de equilibrio, Obama intentó trasladar esa sensación que se respira en el país a los planes de retirada. Tras el repliegue de 68.000 soldados, todavía quedarán 70.000. Pero con todo, Obama consiguió presentar un rápido final tal como exigían sus conciudadanos con una cifra aceptable: un tercio de las tropas estarán en casa antes de fines de septiembre de 2012, justo poco antes de las elecciones en noviembre.

Precisamente porque la campaña electoral ya ha comenzado, Obama mostró su lado populista. «Estados Unidos, ha llegado la hora de que nuestra nación se construya en casa», dijo en referencia a los «duros años económicos que acaban de pasar». Estados Unidos, añadió, tiene que invertir ahora en su propio pueblo, «generar innovación, nuevas industrias y crear empleo».

Por otra parte, los militares contarán durante una temporada con un considerable número de efectivos. Podría haber sido peor, opinan. Además, en su discurso Obama dejó abierto el calendario de la retirada de tropas tras 2012 y eso al menos deja un cierto espacio a la flexibilidad.

¿Pero funcionará este acto de equilibrio? Antes del discurso de Obama ya muchos expertos coincidían en que el mayor desafío en los próximos meses no será justificar el inicio de la retirada de miles de soldados, cuando los altos mandos del Ejército estadounidense siguen calificando la situación como frágil.

Más bien, afirman, tendrá que esforzarse en mantener los ánimos de la opinión pública hasta la retirada definitiva y convencerla de que a largo plazo tiene sentido mantener una fuerte presencia de tropas a pesar de los elevados costos.

Obama señaló que una de las razones principales para comenzar el repliegue son los avances en la lucha contra Al Qaeda. «Al Qaeda se encuentra bajo una presión mucho mayor que antes desde el 11 de septiembre de 2001», añadió.

«Junto con los paquistaníes se ha conseguido desactivar a más de la mitad de la cúpula de la red terrorista», dijo. Y justo este argumento podría traerle problemas en los próximos meses, pues desde la muerte de Osama bin Laden el apoyo para la misión en Afganistán ha ido cediendo a toda velocidad. Una gran parte de la población estadounidense considera que la labor de Estados Unidos en Afganistán ya ha concluido ahora, no en 2014, cuando los afganos deben asumir las riendas de la situación de la seguridad.

Agencia DPA

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