24 de diciembre 2009 - 00:00

Una escapada con gratas sorpresas

Andar por Azul es ir de sorpresa en sorpresa por el cuidado que tiene la ciudad.
Andar por Azul es ir de sorpresa en sorpresa por el cuidado que tiene la ciudad.
Escapar de cualquier tipo de estrés al borde del cuidado balneario Guillermo Brown, caminar por la perfumada costanera Cacique Catriel y detenerse a contemplar un mural donde Omar Gasparini ilustró la historia de la ciudad, entrar en el museo Squirru y junto a joyas mapuches, platería araucana y ponchos pampas encontrar documentos, objetos y símbolos sagrados de los masones que fundaron la ciudad, ir a conocer el Monasterio Trapense en la celebración de la misa y sentir que el incienso nos transporta a místicos escenarios medievales, distenderse andando por el ondulado camino que lleva a las sierras, al cerro La Armonía, y retornar por la noche a la modernidad urbana escuchando a Gustavo Cordera, ya sin la Bersuit Vergarabat, en el extraordinario teatro Español, el más antiguo de la Argentina, donde en otro tiempo cantaron Gardel, Magaldi, Tita Merello, entre tantos otros, o terminar la noche bailando en Shitto Disco, un pub posmo.

Visitar la ciudad de Azul, en el centro de la provincia de Buenos Aires, a 300 kilómetros de la Capital Federal, es un torrente de inesperadas y deliciosas sorpresas.

Ciudad quijotesca

Azul es, para decirlo con palabras que pareciera que ya no se usan, una ciudad progresista, cómoda, prolija, pulcra, apacible, serena, a la vez actualizada y tradicional, si la calle Bolívar resguarda los emblemas edilicios del pasado, la calle San Martín está repleta de negocios de las más prestigiosas marcas internacionales.

No sabía la UNESCO de Castilla - La Mancha qué gran símbolo de ciudad expresaba al declarar a Azul «Ciudad Cervantina».

Lo hicieron porque la ciudad posee en su «Casa Ronco» la mayor colección fuera de España de «El Quijote»: más de 300 libros, además de láminas, ilustraciones, periódicos, revistas y objetos alusivos a la obra de Miguel de Cervantes Saavedra. Pero acaso le podrían haber otorgado ese título a Azul por haber sido una avanzada quijotesca, ordenada por don Juan Manuel de Rosas, para «detener a los malones sin enfrentar a los hermanos indios».

Hay un espíritu quijotesco en las extraordinarias obras del ingeniero Franco Salamone: la Plaza San Martín, la portada del Parque Municipal Sarmiento, el edificio del Matadero Municipal, y la deslumbrante entrada al cementerio. Salamone combinó con sensibilidad y sabiduría el Art Déco con el Futurismo italiano y la estética funcionalista del Bauhaus.

Al visitante le parece, ante esos monumentos, estar en un decorado de «Metrópolis», la película de Fritz Lang, o de «La luna azul» de Leni Riefenstahl.

Azul tiene rasgos quijotescos a cada paso, como lo reafirman las esculturas de Don Quijote, Sancho Panza, Dulcinea y el galgo seguidor, hechas por Carlos Reggazoni con restos de autos, motos, colectivos, bicicletas, para que el «caballero andante» pudiera seguir sus eternas andanzas.

Otra quijotada de Regazzoni es en un páramo de piedra gris, a 40 kilómetros del centro de Azul, un enfrentamiento entre «indios y milicos», que como siempre realizó ensamblando chatarra, obra que dejó inconclusa como suele suceder con algunas quijotadas.

Cercanías

Azul, que tiene mucho para ver y mucho para el relax, está, como lo reclaman los lugares míticos, en un cruce de caminos, en el centro geográfico de la provincia de Buenos Aires. La Ruta Nacional 3 comunica la ciudad al noreste con la Capital Federal y al suroeste con Bahía Blanca y la Patagonia. La Ruta Nacional 226 la une al oeste con Olavarría y al sureste con Mar del Plata y la costa atlántica. En Azul es común oír decir, por ejemplo, «ahí no más está Tandil» o Tapalqué, casi como antes, según el escritor viajero Pierre Kalfon, los gauchos indicaban «siga, que el asfalto lo lleva».

Lentamente descubierto por el turismo, Azul cuenta con todo lo necesario para el visitante. Acaso, así como en los años 30 tuvo con el Gran Hotel Azul el mejor de la región, al chef lo hicieron venir de Austria para tener las mejores gourmandises del país, y si bien en la actualidad se ha modernizado para hacerlo más confortable, la ciudad ya está necesitando un hotel de, por lo menos, una estrella más.

Azul cuenta con un amplio abanico de lugares de alojamiento de diversos precios, restoranes, pizzerías, pubs, un cine, un teatro, un hipódromo, canchas de golf, clubes de remo, club de planeadores, posta de motos, varios complejos culturales y museos. Además, se puede hacer turismo aventura a «Boca de las Sierras» o turismo rural en las estancias Loma Pampa, La Ignacia y Chacra de Azcona.

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