14 de agosto 2009 - 00:00

Una gran actriz sin sustento dramático

Marilú Marini logra hacer brillar algunos textos de Silvina Ocampo, pero raramente transmiten emociones y nunca llegan a articular una acción dramática que justifique su incesante deambular por la escena.
Marilú Marini logra hacer brillar algunos textos de Silvina Ocampo, pero raramente transmiten emociones y nunca llegan a articular una acción dramática que justifique su incesante deambular por la escena.
«Invenciones» de A.Maci, sobre textos de S.Ocampo. Dir.: A.Maci. Int.: M. MaEsc. y Vest.: O.Puppo. Luces: G. Córdova. Mús.: J.Vat. (Teatro Presidente Alvear).

La protagonista se llama Greta; es escritora, y mientras aguarda la llegada de Julio, el hombre que ama, deambula por su casa en plena madrugada entre recuerdos de infancia, abruptas charlas telefónicas con una amiga cómplice y varias copas de vino que hacen más tolerable la vigilia.

La mujer en cuestión no es otra que Silvina Ocampo, reconocible en cada anécdota (algunas de ellas evocan a las pintorescas mucamas que sirvieron a su familia) y en cada uno de los fragmentos literarios que de tanto en tanto hechizan al público con su mezcla de salvajismo y sabiduría.

En la voz de Marilú Marini los textos tintinean como cascabeles invitando a la risa y al juego, y sin embargo éstos no llegan a articular una situación dramática que justifique el incesante ir y venir de la protagonista por todos los sectores y recovecos del escenario. Su circuito de actividades incluye abrir ventanas y puertas, trepar a escaleras (reales y escenográficas), beber repetidamente o juguetear con el inmenso foulard que lleva sobre los hombros. Como en el juego de la oca, la intérprete se detiene apenas unos minutos en cada punto del recorrido, sin que sus gestos y movimientos adquieran una significación algo más trascendente.

En términos dramáticos hay una escasa valorización de ese limbo angustiante en el que cae todo enamorado cada vez que afronta un prolongado plantón.

Greta es apenas un glamoroso alter ego de Silvina que dispara frases ingeniosas sin mayor compromiso afectivo. El rico vínculo con la literatura y la naturaleza que tenía la escritora, su temperamento infantil, místico y antisocial y su original manera de ver el mundo, apenas asoman en esta miscelánea de textos que van y vienen sin que la acción gane peso dramático. Por más que la protagonista saque a relucir un traumático episodio de abuso, sufrido en el pasado, el dolor nunca la toca, como tampoco se llegan a adivinar sus preocupaciones existenciales.

Julio remite «in absentia» a la figura de Adolfo Bioy Casares (que siendo ya un anciano decidió hacer públicas sus infidelidades de toda una vida). El dato es irrelevante, como también lo es la parodia de Silvina (con voz gangosa y anteojos oscuros) que Marini encara con su acostumbrada ductilidad. Estas y otras ocurrencias poco felices reducen el mérito de «Invenciones» a unas cuantas sentencias inolvidables en boca de una gran actriz.

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