7 de abril 2011 - 00:00

¿Una guerra o una feria para vender armas?

Libia es una buena vidriera comercial para potenciales clientes de la carrera de armamentos convencionales y está permitiendo la promoción de las últimas novedades tecnológicas, incluyendo bombas y misiles inteligentes como los sistemas de defensa necesarios para repeler un ataque aéreo.

Ha sido el debut estelar del avión Eurofighter Typhoon construido por un consorcio integrado por el Reino Unido, Alemania, Italia y España, competidor del francés Rafale producido por Dassault. Cinco de los seis principales aviones de combate en el mercado rivalizan en capacidad operativa: los dos mencionados previamente junto al F-16 de Lockheed Martin, el F/A-18 de Boeing y el nuevo Saab Gripen de Suecia.

La zona de exclusión aérea sobre Libia se ha convertido en un test práctico sobre la eficacia de uno u otro avión, ya que la prueba en combate es clave a la hora de adquirir un arma.

La experiencia indica que no existe mejor publicidad para la industria de los armamentos que la guerra. Los beneficios son sustantivos, ya que potenciales clientes como Brasil, Dinamarca, India, Grecia, Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Kuwait, entre otros, observan el desempeño para adoptar una decisión de compra. India tiene la intención de adquirir 126 aviones de combate y Brasil ha señalado el interés de comprar 36.

En este marco, Francia ha sido criticada por países de la coalición militar por haber introducido el Rafale en las primeras horas del combate en Liba. El argumento de París ha sido que la flexibilidad del Rafale era apropiada para la destrucción de tanques y otros convoyes militares. Francia también ha presentado en sociedad una nueva fragata clase Horizon y nuevos misiles aire-tierra.

Libia ha permitido, asimismo, comprobar que no es suficiente para un país contar con una adecuada capacidad aérea, como era el caso de la aviación local provista de aviones Mirage que Francia hace un mes había aceptado reparar y renovar tecnológicamente, sino que es necesario también disponer de sistemas de alerta temprana y medios misilísticos de defensa antiaérea apropiados. En ese marco, la opinión de Rusia y China resultan igualmente interesantes para potenciales clientes sobre cómo se logra una defensa adecuada ante un ataque con los medios aéreos como los que han intervenido en Libia. En el mismo sentido, empresas como Lockheed y Raytheon se encuentran presentes en el Golfo Pérsico impulsando la compra de sistemas de defensa ante la hipótesis de un ataque aéreo por parte de Irán.

Los datos disponibles permiten señalar que la zona de exclusión aérea establecida por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas está siendo el mejor campo de publicidad para la promoción de los principales aviones de combate. El conflicto en Irak en 2003 o Afganistán en la actualidad no han ofrecido una variedad operativa aérea tan amplia que permitiera la misma comparación tecnológica.

Es de esperar que el futuro tratado sobre el comercio de armas convencionales que se encuentra en negociación en las Naciones Unidas permita poner un freno a los excesos comerciales que en ocasiones promueven conflictos. Asimismo, será importante que el instrumento incluya disposiciones para que todo Estado, antes de proceder a una venta de armas, utilice criterios como el de los derechos humanos y el del derecho internacional humanitario, para evitar -como ocurre en el conflicto actual- que ese armamento sea utilizado para la represión. Libia, en eso, también es una caso testigo.

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