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Una inversión poco típica, con más de un fundamento
“Portofino”, obra de Enrique Rocca, un artista nacional emergente de excelentes perspectivas en el mercado local.
Los fundamentos teóricos para calcular los siempre polémicos índices de rendimiento del mercado del arte son, en el caso del AMCI (Art Market Confidence Index), los mismos que utiliza el Survey Research Center de la Universidad de Michigan para calcular el Indice del Consumidor, que incluye datos de referencia de todos los mercados mundiales y los compara con las tasas de crecimiento del precio de las obras de arte.
Los más recientes, publicados por la consultora Artprice, incluyen sondeos sacados de una plataforma de 2,3 millones de usuarios de todo el planeta, en su mayoría comerciantes, críticos, artistas e inversores activos en la actualidad, y tienen por objeto medir la confianza de los inversores y el público en cuanto al arte como inversión.
La principal utilidad de este tipo de estudios, en referencia a las tasas de crecimiento del precio de las obras, es que resultan útiles para compararlos con otras opciones, y son una fuente original y rica para la estadística de un rubro que carece de profusión, ya que la demanda habitualmente pasa por buscar datos de artistas o períodos específicos.
Siendo un estudio complejo por naturaleza, no es posible reproducir aquí sus datos, pero si exponer su metodología y el resultado final, que fue de una tendencia positiva en la rentabilidad y en la confianza del arte como inversión del público a escala global.
De acuerdo con uno de ellos, la evolución mundial de los precios en obras de arte refleja un crecimiento sostenido desde 1991, con un pico entre 2007 y 2008, una declinación al año siguiente y un repunte y tendencia en ascenso a partir de 2010.
La pregunta, una vez que se cuenta con la información numérica es: ¿cuáles son las variables que marcan el rumbo a seguir para un inversor novato, y qué nivel de rentabilidad ofrece el arte en relación a otras opciones? Otra pregunta crucial es: ¿se puede aplicar un término de referencia semejante para una adquisición que muchas veces es motivada por el deseo o la pasión?
Especialistas en otros ámbitos de las finanzas, como asesores bursátiles o de inversiones, tanto del mercado de capitales como del área de resguardo de activos y previsión de riesgos que consultamos, fueron unánimes en definir las inversiones en arte como muy buenas para resguardar el patrimonio, con excelente rentabilidad (7 % anual según la mayoría de los estudios que se realizan) y baja liquidez, ya que la obra no siempre se vende de inmediato. Estas tres características se cumplen siempre que las adquisiciones hayan estado claro- bien orientadas.
De igual manera que en otras opciones, la cautela es buena consejera, y es en este punto donde empiezan las diferencias con otras inversiones donde no intervienen el deseo ni la necesidad estética.
Allí reside el ingrediente que diferencia el arte del mercado de capitales e, inclusive, de opciones más tradicionales como, por ejemplo, los bienes raíces. Es entonces donde empieza a ponerse en juego otro aspecto, porque -como dijo un experimentado coleccionista- casi siempre se recuerda mucho más vívidamente la historia que implicó la compra de una obra que la cifra pagada por ella.
Esto es más notorio si se trata de un artista emergente, que arranca de un precio bajo y sube más rápidamente al principio y va construyendo su carrera, lo que termina siendo para el coleccionista una interesante forma de ver crecer su inversión y compartir la vivencia de sus logros.
Al filo del inicio de la temporada de subastas y ferias en nuestro medio, es bueno tener en cuenta estos conceptos -más allá de los vaivenes económicos-. Pareceria que hay una nueva forma de promover y comunicar el arte, propia del contemporáneo, mas masiva y similar a la del espectáculo o la moda, pero lo cierto es que lo que verdaderamente cambió es la forma de percibir el arte.
El resultado es el nacimiento de dos mercados: uno, el de la franja de inversión, más tradicional y de mayores cifras, y otro que entraña un nuevo paradigma, el que coloca más al alcance de los bolsillos medios, y que es vez menos especulativo en cuanto a la inversión de corto plazo, porque lo que prevalece es la idea de que el arte debe acompañar la vida cotidiana de un mayor número de personas.


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