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Una Nueva York amenazada se blinda para cuidar a los líderes mundiales en la ONU
• LAS FUERZAS DE SEGURIDAD SITIARON LA CIUDAD TRAS LAS BOMBAS DEL SÁBADO
El gobernador Andrew Cuomo dispuso el despliegue de unos 1.000 policías adicionales y ordenó que la Guardia Nacional custodie el transporte público y otros lugares sensibles. Habría tres sospechosos.
PREOCUPACIÓN. El gobernador y el alcalde de Nueva York, Andrew Cuomo y Bill de Blasio, coincidieron en el carácter intencional de la explosión.
Además, también estalló una tercera bomba en Nueva Jersey, justo antes de que comenzara una carrera a beneficio organizada por el cuerpo de Marines, sin dejar víctimas. Y para completar el escenario, un hombre armado con un cuchillo hirió a nueve personas en un centro comercial de Minnesota (ver página 18).
La suma de todos esos hechos, aún bajo investigación, disparó la histeria no tanto de los neoyorquinos, que pasaron ayer un domingo relativamente tranquilo en otras áreas de la ciudad, sino en la seguridad de esta isla.
En realidad, el atentado en Chelsea tardó en ser procesado más que otros hechos violentos. Mientras la zona era acordonada y se cerraban las calles en el midtown y la zona alta de Manhattan, los neoyorquinos no sintieron ni las sirenas de las ambulancias que acudían a socorrer a los 29 heridos. Esa lejanía le quitó presión inicialmente al miedo, pero éste apareció con las horas.
Así, las autoridades reforzaron todas las disposiciones de seguridad, y el alcalde demócrata, Bill de Blasio, prometió "una presencia sustancial" de efectivos. El Gobierno del estado de Nueva York, en tanto, ordenó el despliegue de un millar de policías más que los inicialmente asignados y trasladó a la Guardia Nacional a las terminales de micros, aeropuertos y estaciones del de tren y del metro.
Hasta anoche, todas las hipótesis sobre la autoría de los atentados en Nueva York y Nueva Jersey permanecían abiertas: desde la permanente sospecha sobre el islamismo radical hasta la acción de algún perturbado, pasando por algún "lobo solitario" admirador del Estado Islámico o un extremista local de ultraderecha.
De Blasio, por lo pronto, habló del caso de Chelsea como de un "acto intencional, violento y criminal", pero sin usar la palabra "terrorismo". Diferente fue el discurso del gobernador Andrew Cuomo, que no se privó de utilizar el término tan temido.
Hay un hecho obvio en toda cumbre de la ONU y es que los despliegues de seguridad son para proteger a los visitantes, pero especialmente uno: el presidente de EE.UU. Barack Obama llegará hoy a la ciudad y ése es el sentido central de un despliegue que, en cierta medida, parece algo sobreactuado.
Ayer por la tarde, el Servicio Secreto -el encargado de custodiar a los mandatarios- junto con la Policía de Nueva York y el FBI ya habían cerrado todo el perímetro del hotel Waldorf Astoria, donde se aloja siempre el presidente cuando visita Manhattan, así como las avenidas Lexinton y parte de Park Avenue.
Cuando comiencen hoy las deliberaciones del Foro sobre Refugiados que convocó el secretario general Ban Ki-moon, también estarán cerradas las avenidas 1 y 2, por lo que todo el midtown de Nueva York entrará en una parálisis prácticamente total por unas 48 horas.
La llegada ayer de Mauricio Macri a la ciudad dio también una prueba del estado de máxima alerta que vive Nueva York. El arribo al hotel The Mark estuvo precedido por un helicóptero que prácticamente se estacionó sobrevolando la manzana hasta que el argentino ingresó rodeado del equipo del servicio secreto, más nutrido que lo habitual para un mandatario sudamericano.


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