17 de julio 2015 - 00:00

Una puesta virtual, lo más destacado del musical “Ghost”

La interacción de actores e imágenes disimula la previsibilidad del argumento del musical basado en el exitoso film de los 90.
La interacción de actores e imágenes disimula la previsibilidad del argumento del musical basado en el exitoso film de los 90.
"Ghost, el musical". Libro y Letras: B. Rubin. Música y letras: D. Stewart, G. B. Int.: M. Mayer, J. Schomberger, L. Bassi, N. Cociuffo, I. Guzmán, E. Gil Rodríguez. Dir.: M. Rosa. (Teatro Metropolitan City).

La convocatoria y el fanatismo que generan los musicales en Buenos Aires justifican que se siga de cerca un género en el que confluyen casi todas las disciplinas en un solo espectáculo: orquesta en vivo, canto, danza, actuación y, en ésta en particular, el uso de la escenografía virtual que hace convivir al cine con los actores sobre el escenario.

Si ya el film de los 90 que consagró y lanzó a la fama a Patrick Swayze y Demi Moore y dio un Oscar a Whoopi Goldberg como una médium desopilante, resultaba algo meloso pero simpático, este musical no sale de lo previsible pero se destaca por esa puesta virtual proyectada sobre blanco que otorga dinamismo e imaginería. En función de esa construcción virtual, la puesta se convierte en la marca registrada de esta pieza, con un elenco que se sumerge en las calles de Manhattan, de la que se ofrecen también varias tomas aéreas, oficinistas que suben y bajan en ascensores por los rascacielos, parejas que pasean por las calles del Bronx o de Brooklyn y una gran parte de la obra que transcurre dentro del loft de los enamorados. Todo eso es proyectado mediante animación digital y con un resultado óptimo.

Otro de los puntos altos son algunas interpretaciones: no tienen desperdicio las escenas en las que brilla Natalia Cociuffo como la médium. La mejor es una en la que intenta librarse de los espectros que la acosan hasta que uno se mete en su cuerpo y habla a través de ella. Cada uno de los cuadros que protagoniza Cociuffo da pie a una explosión de risas y aplausos de la platea, justificados por su soberbia interpretación, desde lo actoral hasta lo vocal. Además, la médium siempre forma parte de las escenas más coloridas y festivas, cargadas de desparpajo y picardía. El público celebra hacia el final la escena en la que se hace pasar por millonaria, para cobrar un cheque de diez millones de dólares que más tarde debe donar a un hogar de monjas.

Otro de los intérpretes que sorprende es Marcos Gorosito, un fantasma que habita en un vagón del subte cargado de una violencia asombrosa. Su canción rapera sale del común del repertorio previsible del musical y las escenas de los viajes subterráneos, desde diferentes puntos de vista, se ubican en lo más alto a nivel visual.

Otro histórico del género, Rodolfo Valss, quien ya desde "Chicago" es ficha puesta en los musicales, sobresale aquí como un fantasma experimentado.

En cambio no generan el mismo impacto quienes conforman la pareja central, Matías Mayer y Jennifer Schomberger, así como el amigo traidor sumido en la ambición encarnado por Luciano Bassi. Si bien lo que más se recuerda del film "Ghost" es la escena en la que los enamorados moldean juntos un jarrón de cerámica en un torno, en el musical no consigue transmitir emoción y pasa inadvertida. Así como la canción leit motiv, "Melodía desencadenada", resulta extraña cantada en español por el protagonista, con un timbre de voz tan diferente al de la banda elegida para el original, The Righteous Brothers, que en su momento fue versionada magistralmente por Elvis Presley.

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