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Una riesgosa jugada de López Obrador
El Instituto Federal Electoral (IFE) dio el triunfo al candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) con el 38,1% de los votos contra el 31,6% de López Obrador, en el conteo preliminar del 98,95% de las actas de las mesas electorales.
El líder izquierdista anunció que esperará el escrutinio de votos -que empieza hoy y debe terminar el domingo-, para decidir si impugna el resultado, reviviendo su protesta de 2006, cuando perdió la presidencia ante Felipe Calderón por un margen mínimo.
Mientras tanto, el virtual ganador, felicitado por Gobiernos de Estados Unidos, América Latina, la Unión Europea, y organismos como la OEA, actúa como presidente electo y hoy nombrará a su equipo de transición.
Ventaja
A diferencia del 0,56% con el que perdió según el conteo oficial hace seis años, la ventaja de Peña Nieto es de tres millones de votos (6,51%) según el IFE, que si bien reconoció incidentes, dijo que «no alteran el resultado final».
«Está dilapidando su capital político. Hace trampa, porque aceptó jugar bajo esas reglas, pero cuando pierde, se sale del juego», comentó Javier Oliva, investigador de la Universidad Autónoma de México (UNAM). Para el analista Nicolás Loza, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), López Obrador puede tener razón en sus denuncias, pero duda de que puedan ser fundamento de impugnación, pues se deben probar irregularidades graves en el 25% de las mesas electorales, según la ley.
López Obrador debe entonces probar que hubo «compra de votos» en esa cantidad, mientras su otro argumento es un «asunto previo a la votación que cuestiona el régimen de propiedad de los medios y se debe abordar en el Legislativo», añadió Loza.
En la capital, gobernada desde 1997 por la izquierda, su candidato, Miguel Ángel Mancera, ganó la alcaldía con el 60% del voto y relevará a su correligionario Marcelo Ebrard, que en septiembre disputó a López Obrador la candidatura presidencial de la izquierda.
Presión
«Un grupo radical lo va a presionar para que impugne, pero no creo que ni Mancera ni Ebrard lo sigan. De lo que vaya a hacer depende que se profundicen aún más las divisiones internas», dijo Loza, experto en procesos electorales.
En 2006, «el Peje», apodo de López Obrador, se negó a reconocer el triunfo de Calderón, sus seguidores bloquearon por más de un mes el Paseo de La Reforma, arteria clave de Ciudad de México, y él se declaró «presidente legítimo» y nombró un gabinete en la sombra.
Con vasta historia de controversias, el experimentado político de 58 años, exalcalde de la capital, evocó en la campaña la posibilidad de un fraude, pero trató de quitarse su imagen de «radical» prometiendo una «república amorosa».
«El problema es el grupo de fanáticos que sigue a AMLO. Los veo sumamente exaltados (...) si no aprenden a controlarse, van a provocar problemas mayores», opinó el empresario Federico Arreola, uno de sus principales asesores en 2006.
«Vive en la política de títeres y titiriteros, ése era el México del siglo XX. Es un muy buen político, pero un pésimo prospecto porque es autoritario», opinó Oliva.
Agencia AFP


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