El mes que viene (posiblemente después del día 19) Barack Obama dará por primera vez un discurso sobre el Estado de la Unión, presentando el saldo de lo logrado en su primer año de gestión además de sus planes a futuro. La agenda política y la comunicacional estarán orientadas hasta entonces a tratar de presentar la mayor cantidad de éxitos posible: sin dudas la devolución de fondos de los bancos al TARP (olvidando que el Ejecutivo hizo lo imposible para evitar que esto ocurriera, por temor a perder el control sobre el sistema bancario, y que hoy las 4 entidades más grandes manejan el 56% del sistema cuando en 2000 apenas llegaban al 36%), posiblemente la reforma al sistema de salud (si es que logran que se apruebe para entonces y aun cuando por las reformas concedidas el mismísimo presidente Bush estaría gustoso de firmar la ley), tal vez alguna referencia a la recuperación económica y el empleo (olvidando que cuando le pidió auxilio al Congreso había dicho que la desocupación no superaría el 8%), Afganistán, etc.
Claro que la realidad del día a día es otra. La nominación de Ben Bernanke para presidir la Fed por 4 años más, quedó bastante maltrecha en su paso por el Comité Bancario del Senado (habrá que ver qué pasa ahora con el plenario del Senado y si prospera o no la moción para que deba ser aprobada por una supermayoría de 60 votos).
El Citi consiguió los fondos para repagar el TARP, a costas de una caída de más del 7% en sus papeles (pierde un 19% en la semana) y a un precio 10 centavos inferior al que el Estado le tomó las acciones en setiembre. FedEx por su parte retrocedió más del 6% tras anunciar que espera una modesta recuperación económica y el dólar trepó un 0,9% al máximo de los últimos tres meses. Como resultado, una baja del 1,27% para el Dow que cerró en 10.308,26 puntos, y el volumen más alto desde el 5 de agosto.
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