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Una ruptura que el mercado va a celebrar, pero que oculta riesgos
LOS INVERSORES ESPERAN VER CUMPLIDAS LAS PROMESAS DE REFORMAS ESTRUCTURALES DEL EXMILITAR - Se teme por el futuro de la democracia. La suerte de Brasil no dejará indiferente a la Argentina.
Símbolo. Seguidores del presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, marcharon ayer en Río de Janeiro con un muñeco de Luiz Inácio Lula da Silva dentro de un ataúd. El exmilitar movilizó a su base mediante el odio al PT.
Los pesimistas, en tanto, alzan la guardia a la espera de un recorte drástico de las libertades públicas y de la tolerancia estatal ante la diversidad, así como de un vía libre al gatillo fácil policial. Temen, además, por el empoderamiento de las iglesias evangélicas que lo respaldaron, por el resurgimiento del peso político de las Fuerzas Armadas y por las amenazas de autogolpe emanadas del entorno y de la propia boca del ahora presidente electo.
El miedo por el futuro de la democracia brasileña se expresó con fuerza en la campaña para el segundo turno y llevó ayer mismo a que numerosos votantes acudieran a las urnas con libros en sus manos, muchos haciendo pronósticos lúgubres desde sus portadas: "1984", "Brasil: nunca más" y "Cómo mueren las democracias", entre otros.
Hombres que han sido azotes de la corrupción del Partido de los Trabajadores, como el expresidente del Supremo Tribunal Federal en tiempos del "mensalão", Joaquim Barbosa, y el procurador general durante el "petrolão", Rodrigo Janot, dijeron públicamente que votarían a Fernando Haddad. "Por primera vez en 32 años de ejercicio del derecho de voto, un candidato me inspira miedo", dijo el primero. "No puedo dejar pasar el discurso de intolerancia. Por exclusión, voto a Haddad", señaló el segundo.
Líderes políticos como Ciro Gomes, tercero en la primera vuelta y decidido a liderar la oposición en la nueva etapa, y el expresidente Fernando Henrique Cardoso, en tanto, expresaron también su alarma ante el fenómeno Bolsonaro, pero sin llegar a llamar a votar por hombre del Partido de los Trabajadores.
Aquellos optimistas relativizan los dichos macartistas, de proscripción de la izquierda, racistas, homofóbicos y misóginos del presidente electo, así como su defensa del gatillo fácil, de las torturas y de la última dictadura. Creen que el sistema lo va a controlar.
En todos los países hay sectores que buscan influir entre los extremos para que moderen el conflicto, pero en Brasil tienen un nombre: es la "turma do deixa disso" (la banda del pará con eso). Para quienes creen en su influjo, nadie puede gobernar el país más importante de América Latina, una potencia emergente de 210 millones de habitantes, a fuerza de excesos, frases discriminatorias y amenazas. Donald Trump, una figura en la que Bolsonaro se referencia, podría servir como ejemplo del perro que ladra más de lo que muerde, pero los contrapesos republicanos de Estados Unidos probablemente resulten menos eficaces en Brasil.
Por otro lado, ¿cuál será la voluntad de Bolsonaro de cambiar de cabo a rabo la lógica política populista exitosa que lo llevó al poder?
Aun en el caso de que quiera serlo, su perfil no podrá ser el de un pacificador, por más que muchos análisis repitan en estas horas el rap de la necesidad de "unir a Brasil".
Sin mayoría propia en el Congreso, Bolsonaro deberá construir allí la base de apoyo que necesita para sacar adelante las mencionadas reformas, que por ser enmiendas constitucionales requieren de una mayoría del 60% en cada cámara. Lo intentará tanto negociando con estructuras partidarias como "por afuera", haciéndose del respaldo de grupos transversales. La triple B, esto es las llamadas bancadas del buey (ligada al agronegocio), de la Biblia (conformada por evangélicos) y de la bala (en la que militan exmiembros de las fuerzas de seguridad, más numerosos en la futura legislatura) ya le prometieron su adhesión.
La prueba de fuego del tenor de su presidencia se dará en el momento en que se produzca su primer encontronazo con poderes como el propio Congreso, el Supremo y hasta la gran prensa. En tal instancia, ¿cederá, negociará o apostará por la línea dura? Cada uno de esos sectores ya ha recibido una amenaza. El Congreso, según señaló su vice, el general Hamilton Mourão, podría ser neutralizado con una reforma de la Constitución por fuera del procedimiento previsto. El Supremo, según dijo su hijo Eduardo, simplemente podría ser cerrado "con un cabo y un soldado". Y medios como los poderosos o Globo y Folha de S. Paulo podrían perder la publicidad oficial si persisten en criticarlo, prometió el propio "Mito".
El nuevo Brasil de Jair Bolsonaro se interna en terreno desconocido. Lo que allí pase será demasiado grande como para que deje indemne a la Argentina.


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