- ámbito
- Edición Impresa
Una victoria afiebrada que quebró el voto peronista K
Euforia anoche en Tigre cuando Sergio Massa salió a jalear su victoria frente a la lista kirchnerista que encabezó Martín Insaurralde. Habló iniciando la campaña de captura de votos para octubre.
El alcalde de Tigre hundió al Gobierno bajo la oprobiosa raya del 30% de los votos. Martín Insaurralde, la figura que Cristina de Kirchner puso en la góndola electoral, y creció al calor de Daniel Scioli, arañaba anoche los 30 puntos.
La factoría electoral peronista que ensambló a Cristina, Scioli y 91 intendentes bonaerenses fue insuficiente. Suelto, al frente de un scrum de radicales, exkirchneristas y macristas, Massa se quedó con una porción, esencial, del voto peronista y empujó al oficialismo a un score insidioso.
Dos años atrás, en la primaria de 2011, el FpV capturó el 54% de los votos bonaerense. Ayer retuvo, a duras penas, algo más de la mitad de aquel respaldo.
Massa, un díscolo de rebeldía cauta que sólo manifestó su lado anti-K para cuestionar a Guillermo Moreno, La Cámpora y anticipar su rechazo a una aventura reeleccionista, se quedó con el premio mayor.
El Gobierno no acertaba, anoche, a decodificar la clave de la derrota más allá del genérico "mal humor" que se derramó a lo largo del país y derivó en un resultado más trágico que el de 2009. El FpV y sus aliados festejaron en apenas diez distritos. Cuatro años atrás, lo habían hecho en trece.
Impacto
El golpe bonaerense, con los datos en la mano, fue inesperado. El repunte de Insaurralde en las últimas dos semanas se potenció durante el domingo con bocas de urna que achicaban la brecha con Massa a un par de puntos, incluso algunos a décimas.
Al atardecer, cuando circularon los primeros informes de los fiscales, se encendió la alerta. Las derrotas en Avellaneda, Lanús y un triunfo moderado en La Matanza pusieron en guardia al kirchnerismo. Al atardecer, los cálculos más pesimistas daban a Massa cuatro puntos de ventaja. A medianoche, cuando la Presidente apareció en el escenario del Hotel Intercontinental, la cifra se había ensanchado a 6 puntos.
Al final, todas las variables, sobre la que reposaba la confianza oficial, fallaron. Veamos:
1. Cuarenta días atrás, Cristina de Kirchner diseñó un dispositivo para perforar la zona fuerte del massismo, la Primera Sección Electoral. El montaje resultó insuficiente: el tigrense superó a Insaurralde por más de 20 puntos.
2. Antes, advertida de un turno difícil en las urnas, "peronizó las boletas del FpV y le devolvió el mando al territorio. Confió que, en ese proceso, la estructura del PJ del conurbano, en particular de la Tercera Sección, haría valer su peso para "cuidar" la candidatura de Insaurralde y obtener una diferencia que compense con el plus que Massa obtendría en el otro extremo del conurbano. También falló: el FpV ganó la zona sur, pero por una diferencia que estuvo lejos de ser imponente, algo más de 5 puntos.
3. La performance del FpV en el Gran Buenos Aires volvió, como en 2009, a mostrar la fragilidad del PJ clásico. El armado massista, también de la vieja escuela, logró asimismo equilibrar la influencia de los dispositivos electorales -el ejército de fiscales el día de la elección- y le compitió casi de igual a igual a la monumental comandancia peronista.
4. La influencia de Daniel Scioli, que se puso al frente de la campaña y operó como lazarillo de Insaurralde, no tuvo tampoco el efecto imaginado. La reconciliación entre la Presidente y el gobernador, empujada por la necesidad electoral mutua -un enemigo común- ante el tropiezo electoral, será puesta en revisión.
5. Massa, además, demostró que interpeló mejor que el kirchnerismo al votante bonaerense. La hipótesis de que una parte, trascendente, de su universo de votantes tenía simpatías por la Casa Rosada y, al entenderlo como rival, tomaría distancia del tigrense tampoco se cumplió. Massa, anoche, estaba a décimas de los 35 puntos.
6. A priori, los intendentes fueron leales a Insaurralde. Sin corte de boleta sistemático, la boleta encabeza por el lomense traccionó hacia abajo a los candidatos locales. Este punto será primordial en el tránsito hacia octubre, porque será en aquella elección en la que se pondrá, en verdad, en juego la supervivencia de cada cacique. Es, a futuro, un riesgo.
7. Ayer, la Presidente explicitó el "relato" de la derrota: señaló que se trata de una preelección y que la votación real será en octubre para la que pidió "trabajar" y "militar" para los comicios de octubre. La diferencia, holgada, que obtuvo Massa forzará al oficialismo a revisar su táctica electoral.


Dejá tu comentario