13 de octubre 2014 - 00:00

Una vida que es la alegoría de un país

La Paz - "Jefazo" del mundo indígena, adalid de los campesinos, líder del sindicalismo urbano y referente de la izquierda intelectual. Con su habilidad para tejer alianzas, Evo Morales se convirtió en el presidente más popular de Bolivia y del hemisferio.

Su propia imagen y su discurso son un cóctel de conceptos e identidades en el que reside el secreto de su carisma. Masca coca ancestral y juega al fútbol europeo, viste ropas occidentales con toques tribales, lo mismo cita al rebelde indígena Tupac Katari que al líder cubano Fidel Castro. "Evo Morales es quintaesencia del mestizaje boliviano", lo definió hace poco el expresidente Carlos Mesa.

Sus defensores lo ensalzan como un presidente humilde y trabajador, que viaja incansablemente por todos los rincones de la nación para inaugurar obras, reunirse con movimientos sociales y escuchar a su pueblo. Pero sus enemigos ven a un caudillo despótico y sectario que amenaza la democracia, y se avergüenzan de sus salidas de tono, como cuando aseguró que las hormonas femeninas de los pollos podían "desviar" a los hombres.

Ahora Morales, un exsindicalista cocalero de 54 años, será el primer boliviano que gobierna tres mandatos consecutivos, impulsado por un "socialismo originario" que generó crecimiento económico, abatió la pobreza y sosegó la inflación. "Antes decían que los indígenas sólo servíamos para votar, pero no para gobernar. Casi nueve años y les hemos enseñado cómo se gobierna", dijo el mandatario en su cierre de campaña en El Alto.

Hijo de campesinos de la empobrecida comunidad aimara de Isallavi, en Orinoca, el joven Evo pasó su infancia pastoreando llamas y fantaseando con debutar en la primera división del fútbol boliviano.

Con 13 años, mostró su potencial de liderazgo al fundar Fraternidad, un equipo del que era entrenador, capitán y árbitro. En su adolescencia se mudó a la ciudad, donde fue ladrillero, panadero y trompetista para pagarse el bachillerato que nunca terminó. También probó, sin suerte, en el fútbol profesional.

Puede que el fútbol no le diera la fama en los campos del altiplano, pero le abrió las puertas del sindicalismo en los campos de coca del trópico, donde se mudó en la década de 1980 con su familia, arruinados por las heladas.

En esa época presenció, impotente, cómo unos militares borrachos quemaron a un campesino y decidió involucrarse en la vida sindical, pasando en pocos años de secretario deportivo a liderar las poderosas federaciones cocaleras de El Chapare.

Al grito de "kausachun cocha, huanuchun yanqui" (viva la coca, muera el yanqui), Morales se convirtió en símbolo de resistencia contra las políticas de "coca cero" impuestas por La Paz con el beneplácito de Washington y forjó sus credenciales "antiimperialistas" con cientos de marchas campesinas, bloqueos de carreteras y enfrentamientos con la Policía. Su agitada vida lo mantuvo soltero, aunque tuvo dos hijos de dos mujeres distintas. Morales cambió las piedras por los votos y finalmente conquistó la presidencia en 2005 al frente del Movimiento al Socialismo (MAS), una poderosa alianza de políticos de izquierda, movimientos sociales e indígenas, empresarios y sindicalistas, de la que es entrenador, capitán y árbitro.

Agencia Reuters

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