4 de noviembre 2013 - 00:00

Una voz bella, un pianista excepcional

Buen arte y buena química: Belén Pasqualini y Alberto Favero en “Canciones a la intemperie”.
Buen arte y buena química: Belén Pasqualini y Alberto Favero en “Canciones a la intemperie”.
"Canciones a la intemperie". B. Pasqualini (voz, actuación) y A. Favero (piano, teclado, saxo). Dir: A. Del Mastro. (Espacio Colette, Paseo La Plaza, viernes en trasnoche).

Una lista de canciones, de monstruos de la composición de muy diferentes géneros y estilos, como Chico Buarque, Billy Strayhjorn, Kurt Weill, Aaron Copland, Peter Gabriel, Stephen Sondheim, George Gershwin, etc. Una cantante impecable, bella, con buena presencia en el escenario. Un músico al que no hace falta presentar, con una enorme y valiosa historia, en su triple papel de instrumentista de jazz, acompañante de cantantes y creador de alto nivel.

Con eso hubiera bastado. Con esa serie de piezas muy bien seleccionadas. Con Belén Pasqualini (actriz, cantante, ACE Revelación 2011, compositora) que tiene herramientas de sobra para abordarlas. Con un Alberto Favero que desde su personal y enérgico modo de tocar el piano (se escapa hacia el saxo y el teclado eléctrónico pero apenas en un momento) le aporta energía, sustento armónico y rítmico a esa voz siempre incuestionable.

El punto flaco está en la realización escénica y en el contexto dramático que pretendió dársele al espectáculo, con la dirección y la puesta de Ariel Del Mastro. Hermosa como es y sensual como se la muestra jugando con su bata, su estola, sus piernas y sus tacones, Pasqualini se distrae de su lugar de cantante; o, en todo caso, distrae al espectador cuya atención se pone en un lugar erróneo. Esto tendría sentido si, efectivamente, la organización temática de las piezas seleccionadas o alguna otra referencia textual hilvanara una historia.

Si esa historia está en la mente del puestista, lo está de un modo tan velado que es prácticamente inexistente. Y, si no, no tiene sentido vestir y desvestir a la cantante, moverla como una gata sobre un sillón, o sentarla a la mesa sin lógica aparente. Porque además, esa intencionalidad dramática, hace que Pasqualini, a la que evidentemente le sobra técnica vocal, quede atrapada en cierta exterioridad y en un exceso de expresionismo que le hacen perder la belleza de sus medios tonos y sostener el show en una tensión carente de climas más relajados.

Lo mejor sucede si uno cierra los ojos. Son entonces maravillosas las versiones de "Gota d'agua" de Buarque en castellano, el set "Porgy & Bess" o "I Just Called to Say 'I Love you' " de Stevie Wonder.

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