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Universo de elite para ir a pescar con mosca

Cuando llegué a Aeroparque, con mi cansancio a cuestas, alguien que vio mi cara, me sonrió y me dijo: «Olvidate del mundo y vamos a disfrutar», era nuestra anfitriona oficial, Victoria Holmberg de VH Personalidad Corporativa, encargada del Marketing y Ventas de Alicurá para Latinoamérica y Europa.
Un vuelo de dos horas nos avisó que estábamos en San Carlos de Bariloche, que dicho sea de paso, ahora el sur es el nuevo reducto fashion elegido para el verano, por familias que antes eran habitués del Este. A diferencia de mi adolescencia antes sólo esperábamos en la cinta de equipaje nuestros esquíes, ahora esto cambió: bicicletas, equipos de pesca, armas declaradas (para la caza), y en las valijas todo para el trekking y el turismo aventura.
Nos esperaba un dúo de bienvenida, nuestros guías, para llevarnos a la estancia. Dos galanes en simpatía y «cancheros», merecido el apodo. Pedro, quien conducía, se mostró más callado al principio y quien tomó la posta de «welcome» fue Paco Rodríguez (guía de pesca y caza). Salimos por la Ruta 40 rumbo a nuestro destino, Alicurá, mientras Paco nos contaba como en un perfecto tour lo que íbamos viendo, con explicación histórica de algunos lugares, fauna y flora, más nuestras preguntas, que no eran pocas. También nos hacían las paradas en puntos para fotos panorámicas y particulares de maitenes, arrayanes (un arbusto que no llega a árbol), cipreses, lengas, nires, sauces (que complican el cause de los ríos). A medida que íbamos avanzando nos contaban historias como la de los indios que resistieron en 1879 la Expedición al Desierto del general Roca y se dice que hasta le ganaron siendo una pequeña minoría. Ya más cerca de nuestro destino, la cola del lago formado por la presa de Alicurá llega hasta la confluencia Limay-Traful, en el denominado Valle Encantado.
Ya en hora justa para almorzar arribábamos a nuestro destino: la estancia Alicurá, 75 mil hectáreas de aventura ilimitada. Toda la belleza de la estepa patagónica, con increíbles montañas, extensos llanos, un lago y un exclusivo lodge de estilo patagónico de más de 100 años, siglo XIX con el lujo del siglo XXI. Fuimos recibidos por Danny Guillen, host de Alicurá. Nos enteramos que les había pedido a todos, dado que venía la prensa, que se debían comportar (temían al quinto poder, nos reiríamos después).
Danny nos mostró las habitaciones elegantes con baño en suite, donde no faltaba nada, robe de chambre, pantuflas de toalla, secador de cabello, productos de calidad para el baño. Sobre un sillón alargado al borde de la cama teníamos de obsequio una cup muy canchera con el logo de la estancia y un cordón para sujetar los anteojos que cumplía 3 funciones extras, sostener el anteojo para pescar, pero también si se te caen por una mala maniobra en el tiro o al caminar por las rocas del río, flotan y te permiten recuperarlos, al terminar de usarlos son una funda para guardarlos, y las mujeres encontramos un extra, podíamos usarlo para sujetar el cabello. El concepto de exclusividad se imprime en cada espacio. La calidez de un living con chimenea, bar abierto y comedor principal con una increíble vista de la Cordillera de los Andes.
Tampoco falta la tecnología y servicios: TV satelital, Wi-Fi en las habitaciones y espacios comunes, teléfonos directos, fax, lavandería, caja de seguridad en cada habitación. Dimos una rápida vuelta por el lugar y nos salió a saludar Fernando J. González Vicens, jefe de operación de pesca, a quien le tocaba una tarea difícil, un grupo con mayoría femenina de inexpertas en pesca; aunque no sabía de nuestra buena onda.
Cocina regional
Se oyó el gong de llamada a comer y en dos minutos todos éramos boy scouts alrededor de la mesa del comedor principal, una mesa para el deleite. Yo dije «adiós balanza» y no me perdí ninguna, pero ninguna, especialidad de las que me ofrecieron. Tienen una excelente cocina patagónica gourmet con productos regionales, frutas y verduras de estación de su propia granja orgánica y carnes de su hacienda, sumado a la atención personalizada de Ricardo Villarroel (el chef) y quien nos traía las exquisiteces Matías Paeras (había estado 7 años en el hotel Llao Llao y el último previo a Alicurá, en Arelauquen), ellos también hacen de la estadía una experiencia inolvidable, sobre todo en los kilos sumados, pero como diría el refrán «quién me quita lo bailado». Una charla agradable para ir conociéndonos y ver que te hacen sentir como en tu casa «esa es la consigna que ellos aplican». Luego, descansamos un rato y nos preparamos para nuestra clase de pesca previa a meternos al río, cerca de la piscina, en un atardecer increíble. Veíamos cada preparativo con admiración, ya que todo era un aprendizaje.
Fernando comenzó la explicación de cada movimiento para el flyfishing, parecía muy fácil, era como ver un domador con el látigo haciendo círculos y estirando en este caso la línea. Después nos tocaba el turno de probar lo que a simple vista eran sólo movimientos suaves de brazo y dejar la línea deslizarse. Intentamos mucho rato y nunca había buenos tiros: quebrábamos la muñeca, llevábamos el brazo muy atrás, volvíamos con mucha fuerza y no con un movimiento armónico. Era para aplazarnos a todos, pero nos confesaron que lleva su práctica, igual no desistimos y seguimos tirando la línea a la pileta para comprobar el cambio con el contacto del agua, no apurarnos tampoco en sacar y tirar como sin pensar el tiro, también hay una pausa que debe existir. Luego de ese entrenamiento, necesitábamos un baño caliente, ya que a las ocho nos esperaban con una picada y vinos especiales de Andeluna.
Si bien no soy de tomar alcohol tuve otra gran experiencia cuando Juan Estornell, vicepresident Sales and Marketing de Andeluna me invitó con diferentes vinos, obvio para mi nivel alcohólico era de un trago. Iba pudiendo descubrir sabores y aromas diferentes gracias a sus explicaciones y las de Julieta, también de la bodega, que trabajan en Mendoza y estaban de visita. El único ausente por un problema de último momento fue Paddy Colombo, presidente del grupo (Andeluna-Alicurá).
La comida de la noche era en el quincho, a una cuadra de la casa, en realidad una casa más pequeña con cocina igual a un restorán con asador. El menú: sopa de calabaza, pollo al disco y dulce surprise de merengue con dulce de leche. Café y sobremesa hasta tarde, a pesar que había que madrugar para ir a nuestro día de pesca. Partimos a nuestras habitaciones, que cada una tenía un nombre de árbol, casi para decir que dormí como un tronco.
El equipo
Después de un buen desayuno, venía el día de practicar lo aprendido. Previo a eso ir de shopping, pasar por la boutique del lugar. Qué nivel, un lugar con todo lo que necesite un pescador, si para nosotros parecía increíble, un experto ni lo cree, ya que las mejores marcas internacionales estaban ahí para camisas, chalecos, todos los talles de waders respirables o de neoprene según la temperatura, botas en todos los números, y fundamental los equipos de pesca completos y moscas en todas sus variedades. Cada uno fue pidiendo su calzado, y poniéndose el wader de su medida y listos para la aventura.
La estancia se encuentra en el centro del mayor recurso hídrico y pesquero de Patagonia Norte, considerada la meca de la pesca de salmónidos (truchas) y donde comenzó la pesca con mosca en nuestro país. Los ríos como Limay, Collon Curá y Chimehuin son parte del menú de la estancia, y por supuesto el Caleufú, cuyos últimos 8 kms antes de desembocar en el embalse Piedra del Águila corren dentro de la estancia. Nos explicó Paco que lo interesante de este lugar es poder variar de ríos, esto hace que nunca sea aburrido ni el paisaje. También da la posibilidad de probar en aguas tranquilas e hipertransparentes como en otras más sucias por mayor caudal.
Salimos en dos 4x4 y después de ver ciervos, jabalíes y aves por la zona y el volcán Lanín desde un lugar estratégico, llegamos al lugar. No podíamos entrar solos, hasta en eso nos cuidaron, ellos iban a ir ayudándonos a entrar ya que hay muchas rocas y había que aprender a caminar en el agua, sumado a que teníamos la caña (también nos explicaron cómo se lleva en una caminata, como un palo tomado de lado y al costado del cuerpo, así no le pegás a nadie que pase cerca).
Ya tres estaban en el agua y me tocó el turno de entrar, pensé: qué pavada que te tengan, pero no vino mal, ya que uno cree que todo es fácil y camina sin afirmarse; desde afuera iba mirando a los otros, que estaban como estatuas, probando tirar y recoger, así cada intento con continuidad.
Fernando me mostró el movimiento de lanzar la línea con mi brazo y el suyo, tratando de que incorporara el movimiento, así empecé. De pronto escucho a una de las mujeres un grito de alegría, la primera trucha marrón había salido. Aplausos y alegría ya que se le dio apenas entró al agua e hizo su segundo tiro. La pesca en el lugar es de devolución del pez al agua. Hay mucha regulación respecto a ese tema y parece que la provincia logra que la cumplan. De a poco nos animamos a caminar el río, obvio «leer el río» es tarea de expertos, nosotros sólo cambiamos el lugar si no había pique. Aunque cueste creer, las únicas que pescaron fueron las mujeres. Habilidad o suerte con la mosca que tenía cada una o según los chistes: el perfume que teníamos puesto, eso producto de la envidia masculina, que no tuvo suerte. Ya con mucho sol a la hora de almorzar, subimos a nuestros transportes para llegar a «África Mía», lástima que no lo tenía a Robert Redford, había una tienda bajo un maitén, con la comida servida y una mesa con mantel con diseños de pesca, quizás era para consuelo de los que no pescaron. Una superpicada, tartas de diferentes gustos, ensaladas frescas y variedad de bebidas, sin faltar tortas y café. A la vuelta nos esperaba un descanso y a las siete una degustación de vinos en la cava. Mi debut no fue tan malo, ya que de todos los que probé, coincidí en elegir el mismo que había degustado en el almuerzo del primer día, un Malbec 2006.
Una caminata bajo la luna antes de ir a nuestra última cena, menú: empanadas, achuras y ensaladas y cordero patagónico, con muchas horas de cocción, eso lo hace muy tierno, y bife de lomo, y el postre, peras al vino.
De cierre, la pregunta que les hice fue cómo es estar lejos de la familia y la convivencia. A pesar de ser un trabajo de demanda constante son felices con la vida que eligieron, extrañan a sus familias, pero el lugar los atrapa y trabajan en lo que les gusta y si les dan a elegir «no lo cambiarían por nada». Dado que tienen que convivir mucho tiempo juntos forman un excelente team. Allí se cruzan extranjeros y argentinos que pueden pagar un buen lugar para disfrutar no sólo del hospedaje, sino de lo más importante: el paraíso de pesca y caza que ofrece esa estancia. Excelentes anfitriones, la consigna «que te sientas como si estuvieras en tu casa», nos encantó y le tomamos la palabra. Y hay, además, algo que tienta a cualquiera: uno puede llegar sólo con lo puesto ya que ellos te proveen todo. Lo único que decidís, es si tenés ganas de ir a pescar, comer bien, tomar buenos vinos y disfrutar.
Informes: Victoria Holmberg [email protected]

