6 de mayo 2010 - 00:00

Uribe y Obama enturbian el debut de Kirchner en Unasur

Néstor Kirchner, junto al ministro Baldomero «Cacho» Álvarez y Estela de Carlotto durante el acto en que se nombró una plaza de Avellaneda en honor a la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo.
Néstor Kirchner, junto al ministro Baldomero «Cacho» Álvarez y Estela de Carlotto durante el acto en que se nombró una plaza de Avellaneda en honor a la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo.
Llegó vía Shanghái, aunque la usina está en Bogotá. A horas de ser nombrado al frente de la Unasur, Néstor Kirchner se topó ayer con la primera reserva pública -voceada en el exterior- sobre su desempeño como secretario general de ese organismo continental.

Francisco Santos, vicepresidente de Colombia y espadón de Álvaro Uribe, advirtió ayer que la designación del patagónico podría derivar en la «muerte» de la Unasur. El tono no compatibiliza con la postura oficial de Bogotá, pero refleja, a su vez, los recelos íntimos.

«Esperemos a ver si de ese nombramiento sale el fortalecimiento de Unasur o la muerte. Por los hechos lo conoceréis», dijo Santos, que se encuentra de gira en representación de Uribe por China para participar en la Expo Shanghái.

Fue, bajo la lluvia de críticas de la oposición local, un dato inquietante que, rápido, en el Gobierno y en el Palacio San Martín vincularon con la campaña electoral que atraviesa Colombia, donde el uribismo aparece acechado por el extravagante Antanas Mockus.

Eso supondría dar por hecho que sería un negocio electoral para Uribe criticar a Kirchner. O tomarlo como un reflejo de hostilidad hacia el patagónico en sectores del Gobierno colombiano. Por lo pronto, el canciller de ese país, Jaime Bermúdez, en Los Cardales, apoyó sin reservas. El hilo que vincula ambos episodios, que importa al mercado interno colombiano, es la relación de la región con Estados Unidos, vínculo que Uribe privilegia con la misma intensidad que minimiza la Unasur, al punto que denegó asumir la presidencia pro témpore.

El diálogo con Barack Obama desde el bloque sudamericano quedó fuera de la cumbre de Campana. «Por falta de tiempo» fue el eufemismo que se usó en el circuito diplomático. Lo cierto es que Colombia y Perú tienen particular interés en incidir en ese proceso.

Ecuador, desde otro enfoque, también. Ayer, el canciller de Rafael Correa, Ricardo Patiño, anticipó que convocará una cumbre de ministros de Relaciones Exteriores de la Unasur para discutir el capítulo, grueso y complejo, de la relación con la Casa Blanca.

Desde Quito, Patiño admitió que «todavía no está suficientemente maduro el avance de las conversaciones entre nuestros gobiernos para ver cuál sería la agenda de diálogo con Estados Unidos». Hace meses, la Unasur solicitó una audiencia con Obama que aún no fue concedida.

Brotan, a simple vista, intereses contrapuestos dentro de la región. Mientras Colombia, y en menor medida Perú, sintonizan con las miradas de Washington, el eje Argentina-Brasil (menos extremo que Venezuela y Bolivia) presiona para fijar un temario común.

«Hasta ahora con EE.UU. sólo se hablan los temas que les interesan a ellos», es la mirada, compartida, entre Buenos Aires y Brasilia. Subyace, además, un tema particularmente sensible para la región y es el aval que el Gobierno de Obama dio al Gobierno de Porfirio Lobo en Honduras, que la Unasur califica de «ilegítimo».

El encuentro que anticipó Patiño podría ser la primera cita en la que, en términos reales, Kirchner ejerza su cargo que, por ahora, es itinerante: carece de oficinas -¿abrirá unas temporarias en el edificio ex SOMISA?- y, también, de funcionarios administrativos. El desempeño del patagónico en el organismo es, por ahora, pura intriga. El primer día -el martes- escuchó con atención durante cuatro horas y tomó nota de lo que se discutía. El supuesto es que un cargo con dimensión política le resultará seductor al ex presidente.

Sin embargo, Kirchner consumió la mayoría de su tiempo dedicado a la política doméstica e, incluso, se podría achicar el mapa porque su principal obsesión es la provincia de Buenos Aires. Lo demás parece coyuntura, incluso los temas que inquietan a su esposa, Cristina de Kirchner, como la cumbre América Latina-Unión Europea, prevista para mediados de mayo en España, que aparece contaminada por el expediente Honduras, cuyo presidente fue invitado por José Luis Rodríguez Zapatero.

La Unasur amenazó con un faltazo masivo si participa el Gobierno hondureño, y en estas horas España ensaya alternativas para evitar el boicot sudamericano. ¿Un error de percepción de Madrid o reciprocidad con Estados Unidos por haber facilitado el desembarco de España en el G-20?

La Casa Blanca, se sabe, es partidaria de reconocer a Lobo, para lo cual la participación de Honduras en la cumbre interbloques podría ser invocado por EE.UU. para pedir que se le levante la sanción a ese país durante la cumbre de la OEA programada para junio.

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