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Venezuela: la crisis sin fin ahora vacía las aulas
La hiperinflación, la extensión de la pobreza y el hambre, así como los cortes de luz y agua, llevan a 3 millones de chicos a asistir intermitentemente a clases.
AUSENCIAS. Las sillas sobre los pupitres se convirtieron en la triste postal de las escuelas en Socopó. Especialistas ya advierten del peligro de que las futuras generaciones de venezolanos sean casi analfabetas.
A pesar de la situación, el presidente Nicolás Maduro dijo recientemente que aún con la crisis económica "no se ha cerrado ni una escuela, al contrario, se han abierto 100, 200, 300".
El gobernador de Barinas, Argenis Chávez, hermano del difunto presidente Chávez, afirmó el mes pasado en una conferencia de prensa que los cierres de Socopó y de otras regiones son "parte del plan de la oposición para tratar de sabotear el proceso de elecciones del 20 de mayo".
En la ciudad de Barinas, capital del estado homónimo, la crisis económica se nota en la casa de Isabel Colina, de 43 años, quien dijo que perdió 10 kilos en los últimos meses.
Una de sus dos hijas, Magdalena, quien tiene 14 años y asiste a un liceo público, dijo sentirse afortunada porque "aunque sea tengo un poquito que comer" gracias a la ayuda de su abuela, pero que otros estudiantes no tienen la misma suerte. "Cuesta un poco estudiar así", reconoció Magdalena.
Uno de los atractivos para que los niños fueran a clase en tiempos de crisis eran los programas oficiales de alimentación, pero ya han sido reducidos o no llegan a algunas escuelas, según padres y maestros, ante los agobios financieros del Gobierno.
"Desde hace meses, en la escuela donde estudian mis niñas no dan comida", dijo Carmen Beatriz Peñaloza, de 67 años, a cargo de cuatro nietos en Torbes, en el estado andino de Táchira.
Una de las nietas de Peñaloza dijo que se ha desmayado por comer poco. "Estábamos cantando el himno, yo me sentía mareada. Ese día sólo había comido una arepa, me desmayé", recordó Juliani Cáceres, de 11 años.
"Puede que haya debilidades en la distribución (del programa de alimentación) en algunos municipios, y siempre estamos atentos a corregirlos", admitió el ministro de Educación Elías Jaua. Pero el programa "va a continuar, se va a expandir", aseguró.
En el sector público -que conforma el grueso del sistema educativo- el salario mensual de un maestro es de alrededor de 1,2 millón de bolívares, unos 20 dólares al tipo de cambio tasa oficial, pero poco más de un dólar al tipo de cambio en el mercado paralelo.
En el sistema privado, algunos docentes ganan unos 3,3 millones de bolívares. Pero un kilo de café en Barinas cuesta alrededor de un millón de bolívares.
"Con mi último sueldo logré comprar un kilo de carne y un kilo de azúcar", dijo Roxi Gallardo, una profesora de 35 años en la ciudad andina de San Cristóbal que, como muchos, busca salir del país.
Según la Asamblea Nacional, bajo control opositor, la inflación fue de más de 8.800% en doce meses hasta marzo.
Desde septiembre, cuando el tsunami de la hiperinflación impactó a los venezolanos, un 50% de los estudiantes y un 40% de los maestros en Barinas han dejado de ir algunos días o por completo a las aulas porque no pueden cubrir sus gastos, dijo Venegas, del gremio docente.
"En educación vamos en camino al siglo XIX", dijo Luis Bravo, jefe de Memoria Educativa, una base de datos e investigación sobre el sistema docente venezolano de la Universidad Central de Venezuela (UCV), la más antigua del país.
A este ritmo "indudablemente que vamos a tener un pueblo de analfabetos", dijo Venegas.
| Agencia Reuters |


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