19 de febrero 2018 - 22:42

Venezuela, perdida en su laberinto: ¿hay una salida a la crisis económica?

• EL PAÍS REGISTRA HIPERINFLACIÓN, DESABASTECIMIENTO DE BIENES BÁSICOS Y DEPRESIÓN
Los expertos aconsejan suprimir los controles de cambio y de precios, y una reforma del Banco Central. Sopesan el éxito a mediano plazo sobre el impacto social inmediato.

ARTE. Jóvenes artistas utilizan los devaluados bolívares para hacer manualidades que venden en las calles de Caracas. Muchos venezolanos se desprenden de los billetes por la pérdida de su valor.
ARTE. Jóvenes artistas utilizan los devaluados bolívares para hacer manualidades que venden en las calles de Caracas. Muchos venezolanos se desprenden de los billetes por la pérdida de su valor.
María lleva un 56 escrito sobre la mano; es su número de orden en la fila. Como la mayoría de los venezolanos, dedica varias horas por día frente a comercios para comprar un paquete de harina o de arroz. La espera es obligatoria para hacerse con bienes de primera necesidad ya que la escasez de esos productos es del 68%, una carencia que se repite con los insumos sanitarios y medicinas. Un paquete de harina puede costar hasta 22.500 bolívares, cuando el salario mínimo es de 797.510 bolívares. En el mercado negro -donde se abastecen muchos comerciantes usando la cotización como referencia de precios- un dólar equivale hasta a 220.000 bolívares.

El control gubernamental de cambio -que existe desde 2003- fue actualizado hace semanas con una nueva tasa para la Dicom, el sistema de subasta de divisas que reemplazó el dólar estatal a 10 bolívares por uno a 24.996, lo que significó una devaluación del 86,6%.

Los hilos de la economía venezolana no hicieron más que enredarse en los últimos años hasta llegar a una maraña que parece imposible de desentrañar. Con su pilar financiero, PDVSA, en crisis; con un proceso hiperinflacionario y con sanciones estadounidenses que prohíben la adquisición de deuda, la realidad confluye a un escenario en que cualquier opción parece dolorosa. ¿Puede, entonces, recuperarse la economía de Venezuela?

"El país necesita un plan económico muy amplio que va más allá de un ajuste; es un plan de reconstrucción nacional. Se debe implementar una economía de mercado. Eso implica desmontar el actual sistema de control de precios y de cambio, reformar instituciones como el Banco Central (BCV), crear un marco legal e institucional para garantizar disciplina fiscal y monetaria. Comenzar un plan de inversión en diferentes sectores económicos, no sólo el petrolero", propuso Henkel García, director de Econométrica, a Ámbito Financiero.

En la misma línea se mostró Roberto Rigobon, profesor de Economía Aplicada en Massachusetts Institute of Technology (MIT). "Hay muchísimas intervenciones que generan ineficiencias. Se necesita una liberalización del tipo de cambio, la escasez de divisas tiene un impacto brutal en la disponibilidad de productos. Lo mismo con los precios para las empresas, ya que el control sigue causando desabastecimiento", dijo a este diario. "Hay muchísimo que se debe hacer y la pregunta importante es por dónde empezar. Yo lo haría con aquellas acciones que mejoren la oferta de bienes y tengan un impacto relativamente pequeño en la inflación", agregó.

Venezuela cerró el año pasado con una hiperinflación del 2.600% según el la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional (parlamento, único poder controlado por la oposición), de las más altas del mundo, superior a países en guerra. Para 2018, el FMI prevé que el índice alcanzará el 13.000%. El Gobierno dejó de publicar el indicador en 2015.

José Guerra, exintegrante del BCV y actual diputado opositor, aseguró a Ámbito Financiero que las medidas a tomar deben tener especial hincapié en la reducción del déficit fiscal y en una reestructuración de las empresas públicas quebradas. "El Banco Central está totalmente desenfocado. Actúa como un banco de desarrollo. El fisco tiene pérdidas porque está financiando el déficit", dijo. Por su parte, Gorka Lalaguna, economista de Ecoanalítica, insistió en la importancia de "darle viabilidad fiscal al Estado y generar confianza en torno a la autoridad monetaria cuya autonomía es imperante rescatar". "El día después debe construirse sobre la base de un cambio profundo en el norte de la política económica cuyo objetivo inmediato sea frenar el dramático deterioro de las condiciones de vida, rescatar equilibrios macroeconómicos básicos, y migrar hacia una economía de mercado", señaló a este medio.

En los papeles, la receta para revertir el deterioro en Venezuela parece obvia para los economistas, quienes coinciden en que los efectos positivos se verían en el corto plazo, sobre todo a partir del fin de los controles de precios y de cambio. Sin embargo, esa supresión afectaría directamente al ya golpeado venezolano promedio. De acuerdo con la ONU, más de 50% de la población vivía en pobreza extrema en 2016, mientras Cáritas reportó que el 72% de los niños pobres sufren desnutrición.

¿Se puede "salvar" la economía sin dañar más la realidad de los venezolanos? ¿Quién estaría dispuesto a asumir el costo social?

Los expertos consultados mostraron un particular optimismo sobre la relación costo-resultado de una transformación económica en el país, aunque considerando que en la primera etapa debe existir un sistema de subsidio directo para los más vulnerables, como mecanismo de contención.

"El problema no es que las cosas estén caras, es que no hay cosas para comprar. La sociedad va a apoyar un plan así porque es un plan positivo", consideró Guerra, consultado sobre si la oposición de la que forma parte estaría dispuesta a llevar adelante esas políticas en caso de llegar a ser gobierno.

"En Ecoanalítica creemos que es fundamental hacer la distinción entre un proceso de ajuste y uno de estabilización. La diferencia radica entre las necesidades de una economía que está viviendo por encima de sus posibilidades y una, como la venezolana, que enfrenta un proceso hiperinflacionario en el marco de una depresión prolongada", aclaró Lalaguna. "A nivel político, un plan de estabilización, dada la magnitud de la crisis, no acarrea un costo político significativo. Quién lo lleve adelante percibirá una ganancia en términos de popularidad, más si logra sostenerlo en el mediano plazo", subrayó.

"La hiperinflación viene seguro pero no hay alternativa", afirmó, categórico, Rigobon. "Construimos una situación que, lamentablemente, los ciudadanos tendremos que pagar. La irresponsabilidad no la pagan los políticos, sino nosotros, y nos sale bien caro".

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